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martes, 4 de febrero de 2014

Romper.

Las rupturas, cualquiera de ellas, suelen ser dolorosas. Romper un relación, dejar un trabajo, abandonar una afición…
Pero romper abre la vida a nuevas oportunidades.
Sin las rupturas solo queda la monotonía. 
Gracias a las rupturas crecemos y mejoramos.
El fin de la vida siempre es el mismo. Pero como más meandros tenga, mejor la aprovecharemos.


jueves, 23 de enero de 2014

Bikinibridge

¡Que manía esa de ser todos iguales! En responder a los mismos cánones de belleza que se supone son el ideal a imitar.
Las frustraciones que esto puede generar.
 Y los comportamientos: conductas alimentarias que pueden llevar a la enfermedad y ejercicios físicos asimétricos.
Todo para conseguir una imagen corporal contradictoria con la propia genética. Patrones estéticos sujetos a los vaivenes de la moda. Cambiar el cuerpo como se cambia de ropa. 
¿Y para que? ¿Seremos más felices? ¿Mejorará nuestra capacidad para relacionarnos? ¿Obtendremos un mejor puesto de trabajo?
Espero que no.
Tal vez, dejaremos de aceptar las diferencias, nos volveremos excluyentes y, todo eso, nos llevará al miedo a discrepar. A ser más sumisos.
Igual, los tiros van por ahí.







(Fotografías obtenidas desde google. Ruego que me comunique si se considera que se viola algún derecho de autor)

martes, 3 de diciembre de 2013

Amigos son aquellos que se cuidan las espaldas.




Y eso que la amistad puede estar llena de obstáculos. Mantener la amistad es más difícil que mantener el amor. Pero a pesar de las espinas del camino. Siempre hay un lugar para darse la mano. O sentirse en la punta de los dedos.

Carla y Silvia se hicieron amigas casi sin darse cuenta. Pasaron de compañeras de trabajo a compartir confidencias en esos pocos ratos de la máquina del café. Dejaron de competir para ayudarse una a la otra.
Silvia ascendió y Carla se fue a vivir con su novio.
Los siguientes meses nada cambió.
Casi.
Silvia ya no podía contarle todo a Carla. Y alguna vez se sintió incómoda por un exceso de confianza con la, ahora, su subordinada.
Intentaron separar ambos mundos. Verse más fuera del trabajo. Pero Carla estaba muy centrada en su pareja. En los proyectos compartidos entre ambos. Se quedó embarazada y eso la llenó plenamente.
Los mundos de Carla y Silvia se fueron alejando. Se saludaban en la oficina, algún raro café juntas y, cada vez más en watsapp con diálogos cortos.
Un día discutieron. La una cansada de escuchar los progresos del bebe y la otra un tanto hastiada de tanta ambición profesional.
Las pasadas navidades, ya ni se felicitaron.
Pasaron unos años.
Aquella tarde de domingo, Carla no se sentía nada bien. Su matrimonio se había convertido en un infierno. Todo el día discutiendo.
Aquella tarde de domingo, Silvia tomó una decisión. Dejaría la empresa. Tanta ambición y competitividad no la llevaba a ninguna parte. El lunes presentaría la dimisión. Luego ya vería que haría con su vida.

Sin saber muy bien porque, Silvia pulsó la pantalla para llamar a Carla.
- Hola. ¿Que tal todo? Hace mucho que no se nada de ti. Ya no nos vemos... Podríamos quedar para tomar un café juntas.
- ¡Hola! Me encantaría. De verdad.


Fotografía: Rosa Blanco

Texto: Salvador Altimir

lunes, 11 de noviembre de 2013

La historia más bella del mundo


Este hombre que busca el billete para pagar su carajillo está a punto de desmayarse. Cae al suelo desvalido, la mujer se levanta, alarmada, para ayudarle. El hombre no responde, llaman a una ambulancia, suben al hombre a la camilla. La mujer no lo piensa, sube a la ambulancia con él. El hombre ha vuelto en sí y la mira tras la mascarilla de oxígeno con unos ojos pequeños y vidriosos. La mujer esquiva su mirada y piensa que, total, no hay nadie esperándola en casa. Su marido, en paro, era quien cuidaba de la casa, permanecía allí solo todo el día, le decía. Pero ella, ausente en su turno doble de limpiadora de oficinas, no se enteraba de lo que parecía inevitable. Así que un día dejaron de esperarla.

Llegan al hospital, los reciben, la dejan esperando en una salita. La mujer espera, por qué no. Sale un médico a informarla, como si fuera algún pariente. "Su padre está bien, un chichón de la caída, pero dígale que deje el alcohol y que se tome sus pastillas". El hombre entra empujado en una silla de ruedas. "Aquí está su hija, Simón". Esta vez sí se miran. Cogen un taxi. "Gracias por no decir que no soy tu padre". Es viudo desde hace cuatro meses, tampoco le espera nadie en casa, no tiene hijos, nunca llegaron. Él y su mujer se preguntaban si sería mejor así, con la de disgustos que dan. "Me llamo Esther". "Pero tutéame, mujer". "Es que podría ser mi padre". "Por eso mismo".

Texto: Rafael Maldonado
Foto: Salvador Altimir

martes, 29 de octubre de 2013

Click

Tenía esta foto abandonada en el archivo. Tomada en película hará un par de años. Y esta noche, pensando (e intentando hilvanar una historia) sobre esta época cargada de injusticias que nos toca pasar, apareció la foto.
Es una instantánea. Gente que no conocí ni conoceré. Que estaban ahí. Para el recuerdo.
La composición no está mal. Supongo que es un atardecer de finales de Septiembre.
Tal vez no ocurría nada especial en ese momento. El se agachó, quizás acababa de salir del agua. Y ella le esperaba.
Tal vez el buscaba algún crustáceo. Y ella empezaba a cansarse de esperar.
Tal vez tenían bronca. Ella quería dejarlo. Y el hombre suplicó una nueva oportunidad.
Tal vez.
Ahí esta la magia.
Las fotografías nos ayudan, ¡nos impulsan! a soñar.
Cualquier foto, por muy trivial que pueda parecer, es una puerta a la imaginación.
Cualquier foto es un gran recuerdo.
No hay malas fotos. Aunque solo le importe a una persona, aquella foto valió la pena.
¡Darle al click!


domingo, 13 de octubre de 2013

La novia y el chofer.

Margarita, ¡es tan feliz! Esta mañana otoñal. Anoche durmió raro. Pero, una no se casa todos los días. El vestido le sienta genial. Jamás la peinaron y maquillaron tan bien. Siente que está radiante. Deja la casa de los padres. Ahora estará con David.

No van a tenerlo fácil. David terminó empresariales y todavía no tiene trabajo. Pero, de momento, les bastará con los mil euros que ella gana en el bufete. El piso les quedó fenomenal. La madre de David tiene mucho gusto. Se lleva muy bien con ella. Tanta ilusión por delante. ¡El día más feliz de mi vida!

Esta mañana, Juan Carlos está muy cansado. Pasó la noche en el hospital. Remedios está cada día peor. Por mucho que digan los médicos, ve que se está muriendo. No mejora nada. No es que la quiera demasiado. En realidad, nunca la quiso. Pero han pasado más de cuarenta años casados. Y eso, de una manera u otra, pesa.

Compartieron hogar. Tuvieron cuatro hijos. No se amaron. Tal vez un poco los primeros años. Pero, ¿eso importa? No discuten demasiado. Se hacen compañía. Cuando cobre la viudedad, igual se plantea dejar este empleo de chofer. Ya un poco harto de pasear a novios.

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Margarita y David se separaron a los siete años de casados. Ella conoció a Javier, un fotógrafo de bodas. Se enamoraron. David lo pasó mal durante unos nueve meses. Pero le nombraron product manager y ya le fue bien disponer de más dinero.

Juan Carlos ya no es viudo. Se volvió a casar con Carlota, veinte años más joven que el. La deja hacer, no le importa. Los ratos que pasan juntos, le valen.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La muerte dulce


Javier tiene 86 años. Se mantenía bien hasta hace un par de meses. Pero perdió, casi de un día a otro, el apetito. Le costaba ir de vientre. Y manchaba un poco de sangre. Los primeros días no dijo nada a nadie. Pero, se sentía cada vez peor y, al fin, se lo contó a su mujer.
Le llevaron al hospital. No fueron necesarias demasiadas pruebas. Tenía cáncer de colon.
El internista que le atendía comentó con cirugía. Un tratamiento radical no era posible. Demasiado agresivo para Javier. Que además era diabético y padecía del corazón. Podían resecar algo del tumor y hacer un bypass para mantener el tránsito intestinal. No se libraba de la enfermedad, pero igual mejoraba su calidad de vida. A lo mejor.
Le operaron. Mas o menos bien. A la semana empezó a toser y ahogarse. Tenía una pulmonía. Los antibióticos mataron al microbio.
Pero Javier ya casi no comía nada. Los pensamientos se fueron de su control. Incapaz de levantarse de la cama. Cada vez más débil.
Hace una semana que soy su médico. Hemos hecho las cosas que parece se deben hacer. Pero Javier va a su ritmo. Ya se niega a comer, no quiere levantarse de la cama. Sonrie cuando me ve. Eso si.
Hoy dijo que quería una muerte dulce. Se siente orgulloso por ser el último que se va de sus amigos. Cuenta, que en la plaza, en Singerlin, habían hecho apuestas. El siempre era el primero de la lista. Y, al final, será el último en marchar.
- ¿Miedo a morir? ¡Para nada!
- He vivido miserias y alegrías. Mas de esas que de las otras. Pero ya quiero estar tranquilo.
- Hable con mi mujer. Ella es mi vida. Le explicará mejor que yo.
Rosalia es 10 años más joven que Javier. Tiene su edad, pero lo lleva bien. Lleva 50 años en Cataluña pero sigue siendo muy de su Carmona natal.
- Mi marido es muy listo. Llegó aquí, sin nada. Y montó el taller. Ahora lo llevan mis hijos. El les dio todo.
- Ya se como está. Lo dijo la cirujana.
- Doctor. El quiere una muerte dulce. Que no sufra. Estaremos siempre con el. No nos falle, doctor.


domingo, 21 de julio de 2013

Un poco más allá.


Un poco más allá. Salir del espacio chico del cada día.
(Pero como más te acercas al horizonte, más lejano está. Porque estás más cansado)

¿Que podía contarle Alfonso a Clara?
Que si, que ya está, que lo pasaron bien, que fueron unos años hermosos…
- Que somos una familia, que los hijos son felices y nuestros padres nos adoran.
- No es lo que piensas. Si que eres muy guapa. Eres la más hermosa del mundo. No es eso.

¡Ay! La pobre Clara. En su bikini a rallas verdes y azules. La cabellera rubia mecida por el viento. El cuerpo esculpido en el gimnasio. Las uñas, perfectas, de color carmín. Como los labios.
- Alfonso, no lo hagas. Ahora, ya, no. No quiero sufrir.

Pero Alfonso, a sus 52 años, estaba decidido a hacer un curso de Windsurf. Pesara a quien pesara.

(Para Rosa B. que seguro que pilla.)


domingo, 7 de julio de 2013

Temps / Tiempo

No et trobo a faltar.
Se que estas.
Tot i que no et puc veure.
El temps de compartir plegats ha acabat.
Allò de "avui he fet", "estic pensant","em preocupa" ja no existeix.
No queden ni els "hola" o els "ey".
Tot aixo va morir aquella tarda trista de malentesos.
I, sembla, saps que? Ara viure, potser, es mes senzill.
Si acceptem que viure sense les persones que apreciem facilita el passar dels dies.
I ens torna a aquella distancia, sense compromisos que, al menys a mi, m'ha caracteritzat sempre.
Potser mai havia d'haver deixat aquesta manera tan meva de ser introvertit...
Hi ha enyorances, clar.
Però el temps pot amb tot.
Fins i tot amb aquesta melancolia que m'envolta.
El temps. Sols falta aixo. Una mica mes de temps.

(Enric Cases. 1961- 2002)

No te encuentro a faltar.
Se que estás.
Todo y que no puedo verte.
El tiempo de compartir ha terminado.
Aquello de "hoy he hecho", "estoy pensando", "me preocupa" ya no existe. 
No quedan ni los "hola" ni los "ey".
Todo eso murió aquella tarde de malentendidos.
Y, parece, ¿sabes que? Ahora vivir es, tal vez, mas fácil.
Si aceptamos que vivir sin las personas que apreciamos facilita el pasar de los días. 
Y nos devuelve a aquella distancia, sin compromisos, que, al menos a mi, me ha caracterizado siempre. 
Tal vez nunca debería haber dejado esa manera de ser tan introvertida...
Hay añoranzas, claro.
Pero el tiempo puede con todo.
Incluso con esta melancolía que me envuelve.
El tiempo. Solo es eso. Un poco más de tiempo.

(Enric Cases. 1961- 2002)





domingo, 26 de mayo de 2013

Nacer pobre


Joder. Joder y joder. No pensaste nunca que las cosas pudieran ir tan mal. Una infancia de miseria en el Pakistan natal. Vida en una media casa. Las calles llenas de barro. Una escuela mínima para aprender un par de cosas. A los 10 años trabajando para hacer camisas. El encargado siempre chillando. ¡Azotes!
A los 16 alguien te habla de marchar a Europa. Ahorras los dos mil ni se sabe como. A los 24, ya casado y con tu hija, tomaís el vuelo. A Paris.
Un barrio del sur. Un trabajo duro en el mercado de abastos. Cargar con esas terneras tan grandes durante ocho horas.
La niña crece. Va a la escuela. Aprende.
Te duele tanto la espalda que ya no sabes si podrás continuar. Tienes 40 ya.
Mahin te dice: Ves a España. Ahi están bien. Monta tu negocio.
Sigues ahorrando. Llegas a Barcelona en el 2007. Te ayudan a buscar el local. Un pequeño lugar en la calle Aribau. "El millor preu", le llamas. Un colmado donde vendes un poco de todo. Abierto desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche. Todos los días. Tu mujer te ayuda a cubrir las horas. La niña, que ya no es para nada niña, está estudiando para ser fisioterapeuta.
Parece que la vida va bien. Hay sonrisas. Por la noche. El único momento para el descanso.
Pero en el 2009 algo se tuerce. No sabes que pasa. Los clientes bajan. Vendes menos.
Esa gente alegre que pasaba a última hora a comprar bebidas y algo para comer ya no viene.
En el 2011 todo es peor. En la calle de arriba han abierto un supermercado, de cadena, que hace el mismo horario bestia que el tuyo.
Casi nadie entra ya en tu tienda.
Hace un par de meses que has colgado un cartel para traspasar el negocio.
Nadie está interesado. Ya te ves bajando la persiana, un día.
Y no volver.
Y ya no saber que hacer.
Joder. Joder y joder.
Esta vida no es para los que nacimos pobres.

jueves, 23 de mayo de 2013

Final de ciclo.


Hace apenas unos minutos que hemos llegado a casa. Tras asistir a la ceremonia de final de bachillerato en el colegio de Marta. Daniel terminó el año pasado.
Los diferentes oradores se han referido, entre otras cosas, al final de una etapa y al inicio de otra.
Esa sensación también la tenemos los padres.
Nuestros hijos entraron con 2 años y han salido con 18. Siempre en la misma escuela.
Cuando buscábamos colegio esperábamos encontrar un modelo educativo que defendiera tres valores.
Formar personas con espíritu crítico, para mejorar la sociedad.
Capaces de pensar y decidir por ellos mismos, que es la clave de la felicidad
Y que valoraran la cultura del esfuerzo. No para competir contra otros. Pero si para competir contra ellos mismos.
Creo que nuestros hijos han incorporado estos valores.
A partir de ahí, han de construir los suyos. Los hijos son prestados.

Permitidme terminar esta nota biográfica con una fotografía con Marta.


miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Nos vamos?


- ¡Vale! Pero nos tenemos que ir a Puerto Rico. Solo ahí, con un poco de suerte, puedan aceptarnos. Seguir aquí es un suicidio social. ¿Lo ves?
- En realidad, solo quiero estar junto a ti. Ni se cuanto tiempo puede durar eso.
- Ese es el tema. Igual aguantamos un par de años. Lo que duren las chispas de ahora. Pero un proyecto ni nos lo dejarán hacer.
- ¿Pero que haremos en Puerto Rico?
- Imagino que, al principio, tomar el sol y pescar al atardecer. Pero tu tienes una profesión. Yo también. Terminaremos haciendo lo de aquí.
- ¿Te atreves?
- ¿Tu?
- ¿Vamos?
- Compro los billetes.


domingo, 3 de febrero de 2013

Febrero 2013

Cualquier intento de escribir esta tarde dominguera de primeros de Febrero y no hacer referencia a lo que está pasando se me ocurre casi inmoral.
Ya no es solo el convencimiento de los misiles directos a un cierto estado solidario, que no de bienestar. Ese no lo hemos tenido nunca.
Ver que, además, durante tantos años, mientras largaban un discurso de ciudadanía y democracia, estafaban sin pudor ni vergüenza.
Llenos los bolsillos de nuestros esfuerzos.
¿Que va a pasar con esa cantidad de jóvenes a los que se les puede escapar el futuro?
¿Y esos adultos que han dejado sin la segunda oportunidad?
¿Que va a pasar con nosotros? Con todos nosotros.
Es una lucha entre clases sociales. Los pocos que poseen casi todo contra los muchos que casi no tienen nada. 
La clase media, atontada, engañada, adormilada, confía en su oportunidad. Pero es un espejismo. Desaparecerá.

Habrá que volver a las barricadas.

 Me pilla cansado para liderar. Pero si me arrastran, ahí nos encontraremos.

No son las escaleras de Serguéi Eisenstein, pero, a mi, me valen.




lunes, 7 de enero de 2013

Paz y amor


Parece que viene un año chungo.
Tu, lector, vas a ser más pobre. Que no es lo mismo que ser algo menos rico.
Con algo de suerte, igual puedes conservar ese trabajo que cada vez estará más mal pagado. En casa, cada vez más nerviosos. Cuesta renunciar.
Olvídate de aquello que podría darte el dinero.
Abraza a las personas que ames. Siente su calor. Si eso es lo que tienes, queda una oportunidad.
Paz y amor para el 2013.


viernes, 2 de noviembre de 2012

Whatsapp

Todavía no se si el whatsapp es un invento bueno o malo. Bueno. Es nuevo. Es bueno. ;) En mi entorno laboral se usa mucho. Para el trabajo. Sirve para que podamos comunicarnos profesionales que compartimos un edificio inmenso y que estamos todo el día moviéndonos por el. Gracias al whatsaap podemos enviarnos fotografías de úlceras, radiografías o el resultado de un análisis. Incluso pode
mos sugerir exploraciones, preguntar sobre síntomas o proponer tratamientos. Estoy seguro que no tardará demasiado en aparecer un editorial en el New England sobre el invento. Todo lo que permite el whats se puede hacer por teléfono. Mmmm. Todo no. Y, además, es gratis. Previo pago de la tarifa de datos. Claro.
También está el uso social. La cumbre son los grupos. Los antiguos alumnos de la Uni. Los de las fotos. Los de ahora. La familia. A veces los grupos se desmadran. Un amigo, profesor de Bellas Artes, comentó que un alumno le mostró que durante la hora de su clase había recibido ¡100! whatsapp. :)
A veces puede ser demasiado intrusivo. Suena cuando estás a punto de dormirte. En el coche. O cuando tienes las manos pringadas de preparar hamburguesas para la cena.
Luego esté el tema de las no respuestas. Mandas whats esperando que te contesten. Y nada. Aparecen las dos rallitas. Recibido. Compruebas que SI ha entrado a ver el mensaje. Pero no hay respuesta. Con lo fácil que es enviar un simple OK o un emoticono. Pero el receptor no desea seguir con la conversación. La corta. No está enfadado ni te ignora. Simplemente está haciendo otra cosa. En la mayoría de las ocasiones. ;)
Algunos o algunas, tal vez hacen un uso excesivo. Conozco una Resi que se conecta entre visita y visita. Incluso, a veces, durante la visita. Ya no digo a la hora de comer o durante la sesión. Y en el ascensor. Mientras camina por el pasillo… En realidad, si miramos a nuestro alrededor siempre hay alguien que esté whatsappeando. Con coger un día el metro se comprueba.
El tema espía. ¿Con quién estada whatsappeando mi pareja a estas horas desde la cocína? Debe faltar poco para que mi hermana, abogado que, entre otras cosas se dedica a divorcios, presente algún whatsapp en un juicio. Si no lo ha hecho ya.
Porque lo malo, o tal vez bueno, del whatsapp es que se pueden conservar las conversaciones. Y releerlas. Útil en el tema profesional y resbaladizo en otros asuntos.
Posiblemente, la soledad del whatsappeador le anima a decir cosas que no diría con palabras, frente a su interlocutor. Y eso, precisamente, hace grande la herramienta. Establece una nueva forma de comunicación. Nueva. Y por eso, buena.

P.D. Ya se que algunos y algunas estáis pensando en como sacaré una foto para ilustrar el blog. Va a ser complicado. A ver si me pasan algo por whatsapp. :)






sábado, 20 de octubre de 2012

Edades


Cuando los humanos dejamos la infancia y entramos a la adolescencia descubrimos que hay un mundo tras las paredes de la familia. ¡Los amigos! Pasaremos años buscando amistades, intentando consolidarlas. La relación con otros seres humanos es lo más importante. Buscamos, también, el amor. Establecer una relación de pareja. Que soñamos estable. Y, con suerte indefinida.


A medida que crecemos y cruzamos la frontera mágica (y magíca) de los 30 años (+ o -), sin abandonar las ansias de relación, aparece el deseo de dejar huella en la vida. De preocuparnos por la trascendencia de lo que hacemos. Empezamos a pensar en la gente que viene por detrás. En educar a nuestros hijos. En comprometernos en el trabajo. Intentar que el mundo sea mejor. Ya no solo para nosotros, que es la idea adolescente. También para los demás. Que existen o existirán.


Esto supone una curva de crecimiento apasionante que, lamentablemente, tiene un momento de inflexión. La vejez. ¿Que hay que hacer entonces? Posiblemente, pensar que si no llegamos a algo, otras cosas también pueden ser atractivas. Es la adaptación. También hay que mantener la ilusión en seguir dejando huella. Aportar nuestro pequeño o grande granito que ayude a mejorar la humanidad. Avanzar.
Entiendo que coexistimos cinco generaciones. Los niños hasta los 14 años. Los adolescentes y jóvenes que se prolongan hasta los 30. Los adultos hasta los 70. Y los viejos hasta el mas allá.
A medida que avanzamos en generación pasamos de gran heterogeneidad (No tiene nada que ver un niño de 2 años con otro de 12, pero más cerca están una chica de 17 con otra de 27) a una mayor homogeneidad (No es complicada la relación de un hombre de 38 con otro de 62) Incluso en la relación de pareja. Posiblemente conseguirán mayor estabilidad dos personas de 55 y 35 años que otras de 45 y 25, aunque se lleven, en ambos casos, 20 años de diferencia.



El dialogo intergeneracional es complejo. Hoy me preguntaron sobre eso. Parece ser que el más sencillo es entre los niños y los ancianos. No se. Aunque es seguro que los abuelos saben (aunque no lo sepan) que están protegiendo al 25% de su carga genética.
Es un tema que da para pensar mucho. Tengo que aprender más psicología evolutiva si quiero mejorar en mi conocimiento. Que ando muy verde.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Extraña convivencia

Playa. Desnudez. Alegria. Calor. Agua. Libertad. Paz. Risas.

Nuclear. Atomo. Destrucción. Miedo. Guerra. Contaminación. Dinero. Muerte.

 

martes, 21 de agosto de 2012

Dos dias antes de las vacaciones


Me despierto a las 5 de la mañana asfixiado por el calor y la boca seca. Abro la nevera y me sirvo dos vasos de Fonter. Vuelvo a la cama pero, ¡aja! estoy totalmente desvelado. Doy vueltas para buscar una buena postura. Solo consigo ponerme más nervioso sin saber donde colocar el brazo. ¿Encima o debajo de la almohada? Vuelvo a levantarme. Miro por la ventana. Evidentemente, no hay nadie en la calle. Me siento en el sofá. Juego con el iphone. Entro en whatsapp… ¡Mierda! Que van a pensar mis contactos. No es muy normal que alguien como yo este whatsappeando a las 5 de la mañana. Vuelvo a acostarme. Parece que finalmente voy a dormirme. Pero a las 6 menos 10 empiezan a sonar los despertadores de Ana. Tres. Cada 5 minutos. Alguno, con alarma repetida. Aguanto media hora dando vueltas. Poco más. Nesspreso y ducha. A las 7:10 estoy en la calle. Hoy inauguraré el hospital.
Pues no, Luis ya está en su mesa con el SAP abierto. No pregunto. A esas horas nunca pregunto ni respondo.
Hasta la sesión de las 8:30, lo de siempre: mails, ver las interconsultas del día anterior, si ha habido alguna incidencia con los ingresados… Me sobra tiempo. ¿Que hago? A esta hora todavía no hay noticias sobre la prima de riesgo. Me entra sueño. Va llegando la gente. Con un tempo muy de Agosto
Empezamos la sesión. Pocos casos nuevos. Sin problemas especiales. Lo más entretenido unos pacientes de Santa Coloma que tienen piscina en casa. Guardia Civil del puerto.
Es el cumple de Yolanda. Trae chuches para todos y xupa xups que regalará selectivamente.
A las 10 el "morning". Bety, las de admisiones, Paco, el Cap de Trauma, Antonia y una de Onco de la que no recuerdo el nombre. Mucha gente de vacaciones. Milagro. Tenemos 7 camas libres. Solo hay presión en las Unidades de Críticos.
El resto del día es muy tranquilo. Visito a cuatro pacientes en planta. Paso a hablar un rato con Martí, pero no está de humor. Bajo a consultas para hacer una visita que había citado el día anterior. Llega media hora tarde.
El resto de la mañana lo dedico a aquellas tareas que durante el año vas dejando para agosto y que al final haces los 2 últimos días antes de las vacaciones. En un curso de coaching me dijeron que lo no urgente/no importante se podía no hacer. Menos mal.
Almorzamos. Ensalada de arroz y ¿pechuga? de pollo con calabacín. No pruebo el melón que parece muy blando. Conversación de cotilleo. Entiéndase que no puedo dar nombres.
A las 3 me quedo solo. Patricia no comía hoy en el trabajo por noseque.
Me pongo con un escrito sobre la nueva alianza UFISS/TS que me piden de dirección. Lo dejo a medias para empezar a redactar el abstract de la comunicación sobre el NPI. Entro - en microdesconexiones - en El Pais, el 20 minutos, la MYF y alguna que otra página. A las 5 menos cinco me marcho.
Calor bestial. Según el iphone, sensación térmica de 45ºC. Y el aire acondicionado del coche estropeado. Mando un whatsapp a Ana que se solidariza desde la protección del aire acondicionado doméstico.
Llego a la ONCE asfixiado de calor y con la marca sudada del cinturón de seguridad. Antes de entrar voy a un bar y pido un Vichy. Me sirven una marca desconocida (que ya no recuerdo) que está bastante bien. Burbujitas no muy gordas.
En la 1ª planta solo estamos la señora de la limpieza y yo. Había una visita pero la han cambiado de día.
Llego a casa a las 7 y 10. 12 horas después de haber salido y con sensación de no haber hecho demasiadas cosas interesantes o útiles.
Me esperan con una lista grandísima de cosas que hay que comprar en el súper. Ayer dije que iría. Pego los gritos habituales (parezco un esclavo, imposible traer todo esto) a los que, invariablemente, nadie presta atención.
En la calle me doy cuenta que no llevo la cartera. Pero si 30 euros.
Hago la compra y me acerco a la caja donde se cumplen las condiciones idóneas: cajera identificada como rápida y personas con carros poco llenos. Esas son las principales. Las secundarias son que no haya ninguna mujer de edad avanzada con deterioro cognitivo leve y otra, que no comento, pero que tiene, también, que ver con la cajera.
Pasa los productos. 32.50 euros. ¡Tenía que pasarme! Intento decidir que cosas puedo dejar. Sacrifico el zumo de naranja y una de las dos tabletas de chocolate negro. Los de la cola, presidida por un joven musculoso, me fulminan con la mirada. Y ponen los ojos en blanco suspirando airadamente cuando la cajera (jovencita) tiene que llamar a la responsable de turno pues se ha liado con la devolución. Paso un mal rato que no recomiendo a nadie.
Ya en la calle me cruzo con el vecino ingeniero con el que coincido muchas veces en el súper. Nos mandamos una sonrisa cómplice.
Al llegar a casa me quito rápidamente la ropa de calle. Recuerdo que hoy es martes y hay que bajar el viejo somier de Marta para que lo recojan los del ayuntamiento. Esta vez no valdrá la excusa de "tu ya estás vestido".
Ejerzo de cabeza de familia y mando la tarea a Daniel y Marta. Protestán. Pero me mantengo implacable. Por una vez.
Me pongo a escribir esto mientras se enfría una cerveza en el congelador.
A las 8 y media está suficientemente fría. Me la sirvo. ¡En un vaso que Ana acaba de sacar del lavavajillas y está caliente!
Da igual.
Si no ocurre nada especial este cuento está listo para la imprenta.
Y para esta ocasión especial. ¡Sin foto! Que alguna norma hay que romper de vez en cuando.

sábado, 18 de agosto de 2012

La Cortesia de Viena

Entre Octubre de 1982 y Septiembre de 1983 viví en Madrid. En aquellos tiempos, la denominada movida madrileña estaba muy presente en la ciudad.
No estuve muy integrado en todo aquello - apenas conocía a gente - pero acudí a algún que otro concierto.
Hace unas semanas, haciendo limpieza de esas cosas que guardamos sin saber muy bien porque, encontré un folleto amarillento que, creo recordar, me dieron al entrar en un local.
Es la letra de una canción, posiblemente la más representativa, de un grupo que actuó ahí.
Imposible acordarme de la música. Imagino que guitarras no demasíado agresivas y músicos con americana corta y pelo bien peinado. He googleado, pero no hay referencias.
Busque en mi archivo alguna fotografía que pudiera acompañar esa letra, muy sugestiva de esa manera de pensar que caracterizó "la movida" y que terminó por finiquitarla.

La canción: 

No se lo que me pasa contigo. Pero algo me pasa. 
No se lo que me pasa contigo. Pero algo me pasa. 
No hay nada que podamos hacer juntos. 
Solo muchos sin sentidos. 
No hay futuro. 
El presente es una atrocidad. 
Deja de ser amable, 
deja de sonreir, 
olvida las palabras. 
Mis manos no son tuyas. 
No se lo que me pasa contigo. Pero algo me pasa. 
No se lo que me pasa contigo. Pero algo me pasa. 
Vienes a un momento que no es 
nuestro. 
Tras un chispazo al corazón. 
Claro que te siento. 
Sabes que te adoro. 
Abrázame un poco. 
Cierra los ojos. 
Te quiero cerca, 
casi fundida en mi. 
No se lo que me pasa contigo. Pero algo me pasa. 
No se lo que me pasa contigo. Pero algo me pasa. 
Puede ser final sin comienzo 
libre. 
Regreso al futuro no sirve. 
Tus hijos no serán los míos. 
Mejor permitir que los tiempos 
fluyan con independencia 
y nosotros olvidemos 
este intento de suicidio. 
No se lo que me pasa contigo. Pero algo me pasa. 
No se lo que me pasa contigo. Pero algo me pasa. 

 La Cortesía de Viena (1982 o 1983)

¿Va de amores imposibles o juegos con el azúcar marrón?

La foto:


 

domingo, 29 de julio de 2012

Me caso

Pasaron esos años de fiesta con las amigas en la playa. Revolcones tras una noche en la disco cargada de ansiedad.
Pasaron los tiempos de estudio. Clases buenas y malas. Espacios de conversación y planes.
Pasó el tiempo de los viajes con mochila en busca del lugar más alejado. De las personas que no son demasiado nuestras.
También pasó una cierta rebeldía que no se pudo encajar.

Y paso el, ni voy a nombrarlo, pero pasó.
Ahora me caso.
¿Que pasa?
¿Que pasará?


Tengo ilusión.