Leía el otro día en un periódico que durante la guerra civil española y la inmediata postguerra, la población española perdió, de media, 18 kg de peso.
La noticia venía al caso por la presentación de un libro de Joan de Déu Doménech titulado "La batalla de l'ou" (La batalla del huevo) sobre la alimentación en aquellos años. Parece ser que la expresión "dar gato por liebre" era algo más que una forma de hablar. O la receta de la tortilla de patatas sin huevo… ni patatas: harina, agua y bicarbonato. ¿Las patatas? ¡La parte blanca de la piel de naranja!
En Cuba también pasaron hambre tras la caída de la URSS y el bloqueo posterior. Constataron una perdida del peso de los ciudadanos, pero observaron que disminuyeron los problemas cardiovasculares y, en general, mejoró la salud de la población. Las muertes por diabetes disminuyeron un 51% y las derivadas de un infarto de miocardio un 35%. La combinación menos calorías y más ejercicio (tenían que andar más por el alto precio de los carburantes) mejoró la salud de la población.
Nada más alejado de mi intención es hacer una apología de los beneficios de las carencias económicas. Menos en estos tiempos en que tantos compatriotas (y tantos ciudadanos del mundo) tienen que hacer esfuerzos para alimentarse con dignidad.
En mi opinión, la epidemia de obesidad que vive occidente es debida a la presión de las industrias alimentarias. Una parte del aumento de sus beneficios se basa en conseguir que los ciudadanos consuman más calorías. Tienen otras estrategias, pero no se trata de analizarlas en esta entrada.
La foto ilustra, a modo de campaña de educación sanitaria, a donde nos puede llevar el "comer sin límite"
