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martes, 4 de febrero de 2014

Romper.

Las rupturas, cualquiera de ellas, suelen ser dolorosas. Romper un relación, dejar un trabajo, abandonar una afición…
Pero romper abre la vida a nuevas oportunidades.
Sin las rupturas solo queda la monotonía. 
Gracias a las rupturas crecemos y mejoramos.
El fin de la vida siempre es el mismo. Pero como más meandros tenga, mejor la aprovecharemos.


jueves, 23 de enero de 2014

Bikinibridge

¡Que manía esa de ser todos iguales! En responder a los mismos cánones de belleza que se supone son el ideal a imitar.
Las frustraciones que esto puede generar.
 Y los comportamientos: conductas alimentarias que pueden llevar a la enfermedad y ejercicios físicos asimétricos.
Todo para conseguir una imagen corporal contradictoria con la propia genética. Patrones estéticos sujetos a los vaivenes de la moda. Cambiar el cuerpo como se cambia de ropa. 
¿Y para que? ¿Seremos más felices? ¿Mejorará nuestra capacidad para relacionarnos? ¿Obtendremos un mejor puesto de trabajo?
Espero que no.
Tal vez, dejaremos de aceptar las diferencias, nos volveremos excluyentes y, todo eso, nos llevará al miedo a discrepar. A ser más sumisos.
Igual, los tiros van por ahí.







(Fotografías obtenidas desde google. Ruego que me comunique si se considera que se viola algún derecho de autor)

martes, 3 de diciembre de 2013

Amigos son aquellos que se cuidan las espaldas.




Y eso que la amistad puede estar llena de obstáculos. Mantener la amistad es más difícil que mantener el amor. Pero a pesar de las espinas del camino. Siempre hay un lugar para darse la mano. O sentirse en la punta de los dedos.

Carla y Silvia se hicieron amigas casi sin darse cuenta. Pasaron de compañeras de trabajo a compartir confidencias en esos pocos ratos de la máquina del café. Dejaron de competir para ayudarse una a la otra.
Silvia ascendió y Carla se fue a vivir con su novio.
Los siguientes meses nada cambió.
Casi.
Silvia ya no podía contarle todo a Carla. Y alguna vez se sintió incómoda por un exceso de confianza con la, ahora, su subordinada.
Intentaron separar ambos mundos. Verse más fuera del trabajo. Pero Carla estaba muy centrada en su pareja. En los proyectos compartidos entre ambos. Se quedó embarazada y eso la llenó plenamente.
Los mundos de Carla y Silvia se fueron alejando. Se saludaban en la oficina, algún raro café juntas y, cada vez más en watsapp con diálogos cortos.
Un día discutieron. La una cansada de escuchar los progresos del bebe y la otra un tanto hastiada de tanta ambición profesional.
Las pasadas navidades, ya ni se felicitaron.
Pasaron unos años.
Aquella tarde de domingo, Carla no se sentía nada bien. Su matrimonio se había convertido en un infierno. Todo el día discutiendo.
Aquella tarde de domingo, Silvia tomó una decisión. Dejaría la empresa. Tanta ambición y competitividad no la llevaba a ninguna parte. El lunes presentaría la dimisión. Luego ya vería que haría con su vida.

Sin saber muy bien porque, Silvia pulsó la pantalla para llamar a Carla.
- Hola. ¿Que tal todo? Hace mucho que no se nada de ti. Ya no nos vemos... Podríamos quedar para tomar un café juntas.
- ¡Hola! Me encantaría. De verdad.


Fotografía: Rosa Blanco

Texto: Salvador Altimir

martes, 29 de octubre de 2013

Click

Tenía esta foto abandonada en el archivo. Tomada en película hará un par de años. Y esta noche, pensando (e intentando hilvanar una historia) sobre esta época cargada de injusticias que nos toca pasar, apareció la foto.
Es una instantánea. Gente que no conocí ni conoceré. Que estaban ahí. Para el recuerdo.
La composición no está mal. Supongo que es un atardecer de finales de Septiembre.
Tal vez no ocurría nada especial en ese momento. El se agachó, quizás acababa de salir del agua. Y ella le esperaba.
Tal vez el buscaba algún crustáceo. Y ella empezaba a cansarse de esperar.
Tal vez tenían bronca. Ella quería dejarlo. Y el hombre suplicó una nueva oportunidad.
Tal vez.
Ahí esta la magia.
Las fotografías nos ayudan, ¡nos impulsan! a soñar.
Cualquier foto, por muy trivial que pueda parecer, es una puerta a la imaginación.
Cualquier foto es un gran recuerdo.
No hay malas fotos. Aunque solo le importe a una persona, aquella foto valió la pena.
¡Darle al click!


domingo, 7 de julio de 2013

Temps / Tiempo

No et trobo a faltar.
Se que estas.
Tot i que no et puc veure.
El temps de compartir plegats ha acabat.
Allò de "avui he fet", "estic pensant","em preocupa" ja no existeix.
No queden ni els "hola" o els "ey".
Tot aixo va morir aquella tarda trista de malentesos.
I, sembla, saps que? Ara viure, potser, es mes senzill.
Si acceptem que viure sense les persones que apreciem facilita el passar dels dies.
I ens torna a aquella distancia, sense compromisos que, al menys a mi, m'ha caracteritzat sempre.
Potser mai havia d'haver deixat aquesta manera tan meva de ser introvertit...
Hi ha enyorances, clar.
Però el temps pot amb tot.
Fins i tot amb aquesta melancolia que m'envolta.
El temps. Sols falta aixo. Una mica mes de temps.

(Enric Cases. 1961- 2002)

No te encuentro a faltar.
Se que estás.
Todo y que no puedo verte.
El tiempo de compartir ha terminado.
Aquello de "hoy he hecho", "estoy pensando", "me preocupa" ya no existe. 
No quedan ni los "hola" ni los "ey".
Todo eso murió aquella tarde de malentendidos.
Y, parece, ¿sabes que? Ahora vivir es, tal vez, mas fácil.
Si aceptamos que vivir sin las personas que apreciamos facilita el pasar de los días. 
Y nos devuelve a aquella distancia, sin compromisos, que, al menos a mi, me ha caracterizado siempre. 
Tal vez nunca debería haber dejado esa manera de ser tan introvertida...
Hay añoranzas, claro.
Pero el tiempo puede con todo.
Incluso con esta melancolía que me envuelve.
El tiempo. Solo es eso. Un poco más de tiempo.

(Enric Cases. 1961- 2002)





miércoles, 5 de junio de 2013

De viaje por la infancia

Ya comenté en una vieja entrada que el pasado era un país extranjero, que funcionaba bajo distintos presupuestos a los del que lo visita. No hace mucho tuve una visión alternativa de este fenómeno durante un pequeño viaje en bici que, al coincidir con la Semana Santa, no sólo me llevó a otros lugares sino que me hizo visitar, como turista, mi propia infancia.

Y es que no hay modo más preciso de describir el impacto de verme envuelto, tres días consecutivos, en las procesiones de Semana Santa de tres poblaciones de diferente tamaño tras llevar más de tres décadas -desde que era un niño- sin asistir a ninguna de ellas ¿Cómo no calificar de impactante ver a medio pueblo disfrazado, pues disfraz es el vestido de nazareno para quien el descreimiento y la distancia han desnudado al hecho religioso de toda su trascendencia? Ver al conjunto de autoridades cerrando las procesiones, tal y como han debido de hacer durante siglos, le retrotrae a uno a tiempos menos masificados y más directos.


Reconozco que había perdido totalmente la conciencia de la repercusión popular de estos eventos, que parecen mover a toda la población pese a que se centran en un asunto que a su mayoría, en realidad, ya ni les va ni les viene. Tengo que confesar que sí vi gente poco involucrada: un grupo de chiquillos inmigrantes (un magrebí, un sudamericano y dos rubios del Este) que se pasaron dos horas de procesión riéndose de todo el mundo y haciendo alguna que otra maldad, prueba quizás de que en este tipo de manifestaciones hay que estar dentro para que realmente funcionen. Para la Iglesia, indudablemente, es una de las pocas formas que le van quedando para socializar e imbricarse en la vida de la población.


Como toda manifestación artística de alto impacto, y una procesión no deja de tener algo de teatro callejero, la música tiene una importancia capital y en dos o tres pasos llegó a hacerme conectar con ellos y sentir un punto intenso de emoción. Cada uno lleva su banda, tan importantes aún en los pueblos, y con mucha gente joven entre sus componentes, cuyo único contacto con la música sería probablemente en otras circunstancias la última banalidad de Justin Bieber o Rihanna.

Como casi siempre ocurre cuando nos cruzamos con la religión, hubo también espacio para las sombras. Al aparecer las personas mayores descalzas -no observé a ningún joven en ese trance- incluso sin calcetines sobre un asfalto húmedo y helado, comprobé que las promesas siguen aún vigentes, fieles al eterno gusto de la Iglesia católica por el castigo físico, la penitencia y la compra de favores divinos mediante el sacrificio y el dolor. Es esa obsesión en contra de la alegría, la belleza y el placer, y a favor de la oscuridad, el sufrimiento y la sangre, un mecanismo evidente para vendernos esa vida eterna que sólo ellos pueden proporcionarnos, tan evidente que sorprende que aún funcione.

jueves, 23 de mayo de 2013

Final de ciclo.


Hace apenas unos minutos que hemos llegado a casa. Tras asistir a la ceremonia de final de bachillerato en el colegio de Marta. Daniel terminó el año pasado.
Los diferentes oradores se han referido, entre otras cosas, al final de una etapa y al inicio de otra.
Esa sensación también la tenemos los padres.
Nuestros hijos entraron con 2 años y han salido con 18. Siempre en la misma escuela.
Cuando buscábamos colegio esperábamos encontrar un modelo educativo que defendiera tres valores.
Formar personas con espíritu crítico, para mejorar la sociedad.
Capaces de pensar y decidir por ellos mismos, que es la clave de la felicidad
Y que valoraran la cultura del esfuerzo. No para competir contra otros. Pero si para competir contra ellos mismos.
Creo que nuestros hijos han incorporado estos valores.
A partir de ahí, han de construir los suyos. Los hijos son prestados.

Permitidme terminar esta nota biográfica con una fotografía con Marta.


miércoles, 24 de abril de 2013

Platos de cuchara

Cada vez que como un buen plato de arroç amb fessols i naps, un potaje o incluso una humilde sopa de ajo, me pregunto el porqué del abandono contemporáneo de los platos de cuchara.  No me acaba de convencer la explicación convencional que dice que ya no hay tiempo para cocinar. Muchos de estos platos apenas precisan de un rato para su preparación, ocupándose el resto del tiempo en la cocción, que muchas veces concluye por calor residual, incluso durante la noche. Algunos platos, como muchas sopas sabrosísimas, ni siquiera necesitan una cocción larga.



A veces me parece que todo se deriva en realidad de una concesión más a los caprichos infantiles, que se arrastra luego por dejadez e incultura gastronómica hasta la edad adulta. Antes, si el chaval no quería sus lentejas o su potaje, no tenía otra que comérselos y, con el tiempo, aprendía a apreciarlos. Ahora, basta que diga que no los quiere para que su mamá le haga, amorosa, los macarrones o la pizza que parecen ser lo único que gusta a la juventud de estos días, aparentemente indignados con todo menos con la bazofia que comen.

Por supuesto, en otro de esos quiebros satíricos con que tantas veces se nos ríe la vida en la cara, los platos de cuchara están resurgiendo en la hostelería, con nombres ornamentados, la procedencia de cada ingrediente bien identificada en la carta, y precios más propios de un salón parisino que de una casa de comidas, trasunto comercial del comedor de la abuela, sacro origen de todo lo sabroso del mundo.

viernes, 1 de febrero de 2013

Las torres imposibles

Dicen que el pasado es un país extranjero y no me cabe duda de que es así. Quizás cuando las distancias del tiempo y de la geografía se combinan es cuando surgen las sensaciones más sorprendentes y desconcertantes, más divergentes con lo que experimentamos en nuestro día a día.

Torres Asinelli y Garisenda (Bolonia)
Piazza del Comune (Viterbo)

Algo así es lo que me ocurre con las torres medievales italianas, esas agujas sin sentido, de estrechez imposible para su altura, la cual en muchos casos parece en mi opinión negar su declarado propósito defensivo. Muchas han desaparecido ya -Bolonia llegó a tener 180 en su tiempo, en lo que parece la versión medieval del a ver quién la tiene más larga- pero las que sobreviven me dejan boquiabierto o al menos descolocado, aunque sean tan modestas como la de Viterbo.












No sólo su altura y estrechez me fascinan sino que, junto al resto de edificios que las acompañan, me retrotraen a un tiempo donde todo parece funcionar de otra manera. Si bien el tamaño como ostentación de riqueza y poder se mantiene a través de los siglos, hay una atención al detalle y, sobre todo, una vez llegado el Renacimiento, una elegancia alegre que parece haberse perdido por completo en nuestros días.



Torre dei Lamberti (Verona)


Hoy parece tenderse a asociar la elegancia a la sobriedad y la falta de color, mientras que la Italia medieval me transmite alegría de vivir sin perder gusto y esa delicada exquisitez junto a la sensación de que, incluso los más grandiosos, en aquellos tiempos levantaban edificios para el disfrute de las personas, no para el pasmo de las naciones.

martes, 25 de diciembre de 2012

Fósiles de nuestro tiempo

Incrustados en las capas modernas de nuestras ciudades, ahí están ante todo aquel que los quiera ver, testigos de otros tiempos tan iguales y tan diferentes a los que vivimos. Si no caen ellos antes bajo el empuje de excavadoras y piquetas, no está lejano el momento en que marche para siempre el último que pueda recordarlos mientras aún eran parte de la vida de la población.

Pero para ser un fósil antes hay que haber vivido ¿O bastaría con haber sido escenario protagonista e imprescindible de la vida de los demás, de una parte que no podría haber existido sin él?  La ilusión en las largas colas, la incomodidad de las sillas plegables de madera, las burbujas en nuestra nariz de esa Fanta de litro nunca suficientemente fría, el bocata de tortilla que se desborda por los laterales, el chasquido de las pipas... ¿no son los cimientos sobre los que se fundan nuestros esparcimientos de hoy?... El frescor de la brisa nocturna, el griterío de las incruentas peleas de karate de vuelta a casa en grupo, los primeros besos y ansiosas caricias cuando la luz se apagaba ¿no son esos escasos momentos que, pese a su lejanía, aún anudan nuestra garganta y nos dificultan la respiración al recordarlos?




Cine Bahía, Santa Pola (Alicante)


Y sin embargo ahí están: cuatro muros a los que nadie presta atención al pasar, que ni siquiera se ven. Edificio con fecha de caducidad cumplida, con sentencia de muerte firmada. Si no fuera por la crisis, un fósil menos en la ciudad siempre cambiante.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Camino del Norte

No es fácil explicar el atractivo del cicloturismo, al menos si uno quiere escaparse de los tópicos habituales como la sensación de libertad, el contacto con la naturaleza o el hacer camino a una velocidad humana, no maquinal. El cansancio, el dolor en culo y manos o la tensión que siempre aparece cuando se va haciendo tarde y aún no se tiene donde dormir, no sólo son inevitables sino la parte de la experiencia que la completa y le da realidad. No se trata de viajar en bici, sino de vivir en bici. Con todo su mundo a cuestas el viajero se enfrenta a lo que se va encontrando que no sólo puede ser bueno o malo, agradable o incómodo, sino que podría ser -y en los viajes memorables lo será- inesperado. 


La niebla gélida que le hace castañear los dientes una mañana tras varios días de sol radiante y el guiso de potro con sabor a otros tiempos que devora en una sencilla casa de comidas -y a ocho euros el menú- no son más que dos de los detalles que en su conjunto darán temperatura, luz, sabor y aroma a sus recuerdos. Y es que un bien viaje no arranca al salir, sino cuando surge la idea, y no acaba al llegar, en realidad no acaba nunca. No se recuerda la rutina sino lo nuevo, lo inesperado, y sólo se vive lo que se recuerda, lo que hizo mella. Si es cierto que la vida es camino, habrá que salir más a él.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Yo.







Me gusta viajar.
Me gusta volar.
Me gusta soñar despierta.
Me gusta soñar dormida.
Me gusta la niebla.
Me gusta el sol.
Me gusta ver la vida a través de un visor.
Me gusta hablar contigo.
Me gusta reír por cosas absurdas.
Me gusta que formes parte de mi vida.
Me gustan los baños de espuma.
Me gustan los pasteles.
Me gusta que las canciones hablen de mi.
Me gusta andar descalza.
Me gusta acariciar.
Me gusta provocarte.
Me gusta la hora de salir del trabajo.
Me gusta observar a la gente.
Me gustan las cosas pequeñas.
Me gustan las cosas grandes.
Me gusta que me llames.
Me Gusta estar sola.
Me gusta saber que existes.
Me gusta ver pelis antiguas.
Me gustan los cucuruchos de castañas calentitas.
Me gustan las sonrisas.
Me gusta descubrir lugares repletos de gente que los ignoran.
Me gustan las miradas complices.
Me gustan los besos interminables.
Me gusta que estés cerca.
Me gusta el algodón de azúcar.
Me gusta saber que algún día te conoceré...

viernes, 9 de noviembre de 2012

Castells

La humanidad siempre ha tenido la necesidad de proyectarse hacia arriba, ya sea en el plano espiritual como en el material a través de diferentes expresiones culturales e ingenios de todo tipo. Una de las que me parece más fascinante ya sea por proximidad cultural y geográfica son las torres humanas llamadas Castellers (Castillos). Estas construcciones humanas levantadas con el esfuerzo de un conjunto de personas pueden extrapolarse metafóricamente a la construcción y desarrollo de una sociedad moderna actual. En estas estructuras humanas encontramos ciertos elementos que de manera simbólica tienen su paralelismo en la sociedad, como la base llamada "Piña" que refuerza la construcción y le da apoyo, la base y el tronco por el que van subiendo los integrantes de los pisos, y, finalmente el "enxaneta" la labor del cual es llegar hasta arriba del todo y coronar el castillo que es uno de los objetivos comunes a alcanzar, si consiguen desmontarlo sin que la estructura se derrumbe el éxito es total.


Para que el "enxaneta" pueda alzar el brazo en la cumbre es necesario que todos y cada uno de los que están debajo aporten su máximo esfuerzo, concentración y sentido de equipo para alcanzar el objetivo propuesto. También es necesario por parte de los integrantes tener un cierto grado de confianza y compromiso para alcanzar el objetivo común, y como no, generosidad, para ayudar al que le cuesta subir sin pedir nada a cambio. En estos grupos de Castellers (Creadores de castillos) se puede ver a primera vista una gran integración social, encontramos a personas de todas las edades, hombre y mujeres de diferentes religiones y posición social, un punto que supuestamente seria lo ideal en cualquier sociedad moderna actual, pero creo que hay en nuestra estructura social un exceso de "enxanetas" gordos y opulentos ansiosos de estar en la cima que aplastan toda la estructura y no la dejan crecer. Los Castellers son un ejemplo vivo de esfuerzo y trabajo en equipo, pero por lo que vemos en nuestra sociedad, las altas finanzas y concretamente en la política, los ciudadanos difícilmente pasaremos de la base. Aunque hay muchos que sí aportan su esfuerzo y contribuyen a que vayamos avanzando poco a poco en la construcción de la sociedad.


Texto: Xavier Sánchez.
Fotos: Carlos Bueno, Xavier Sánchez.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Whatsapp

Todavía no se si el whatsapp es un invento bueno o malo. Bueno. Es nuevo. Es bueno. ;) En mi entorno laboral se usa mucho. Para el trabajo. Sirve para que podamos comunicarnos profesionales que compartimos un edificio inmenso y que estamos todo el día moviéndonos por el. Gracias al whatsaap podemos enviarnos fotografías de úlceras, radiografías o el resultado de un análisis. Incluso pode
mos sugerir exploraciones, preguntar sobre síntomas o proponer tratamientos. Estoy seguro que no tardará demasiado en aparecer un editorial en el New England sobre el invento. Todo lo que permite el whats se puede hacer por teléfono. Mmmm. Todo no. Y, además, es gratis. Previo pago de la tarifa de datos. Claro.
También está el uso social. La cumbre son los grupos. Los antiguos alumnos de la Uni. Los de las fotos. Los de ahora. La familia. A veces los grupos se desmadran. Un amigo, profesor de Bellas Artes, comentó que un alumno le mostró que durante la hora de su clase había recibido ¡100! whatsapp. :)
A veces puede ser demasiado intrusivo. Suena cuando estás a punto de dormirte. En el coche. O cuando tienes las manos pringadas de preparar hamburguesas para la cena.
Luego esté el tema de las no respuestas. Mandas whats esperando que te contesten. Y nada. Aparecen las dos rallitas. Recibido. Compruebas que SI ha entrado a ver el mensaje. Pero no hay respuesta. Con lo fácil que es enviar un simple OK o un emoticono. Pero el receptor no desea seguir con la conversación. La corta. No está enfadado ni te ignora. Simplemente está haciendo otra cosa. En la mayoría de las ocasiones. ;)
Algunos o algunas, tal vez hacen un uso excesivo. Conozco una Resi que se conecta entre visita y visita. Incluso, a veces, durante la visita. Ya no digo a la hora de comer o durante la sesión. Y en el ascensor. Mientras camina por el pasillo… En realidad, si miramos a nuestro alrededor siempre hay alguien que esté whatsappeando. Con coger un día el metro se comprueba.
El tema espía. ¿Con quién estada whatsappeando mi pareja a estas horas desde la cocína? Debe faltar poco para que mi hermana, abogado que, entre otras cosas se dedica a divorcios, presente algún whatsapp en un juicio. Si no lo ha hecho ya.
Porque lo malo, o tal vez bueno, del whatsapp es que se pueden conservar las conversaciones. Y releerlas. Útil en el tema profesional y resbaladizo en otros asuntos.
Posiblemente, la soledad del whatsappeador le anima a decir cosas que no diría con palabras, frente a su interlocutor. Y eso, precisamente, hace grande la herramienta. Establece una nueva forma de comunicación. Nueva. Y por eso, buena.

P.D. Ya se que algunos y algunas estáis pensando en como sacaré una foto para ilustrar el blog. Va a ser complicado. A ver si me pasan algo por whatsapp. :)






sábado, 20 de octubre de 2012

Edades


Cuando los humanos dejamos la infancia y entramos a la adolescencia descubrimos que hay un mundo tras las paredes de la familia. ¡Los amigos! Pasaremos años buscando amistades, intentando consolidarlas. La relación con otros seres humanos es lo más importante. Buscamos, también, el amor. Establecer una relación de pareja. Que soñamos estable. Y, con suerte indefinida.


A medida que crecemos y cruzamos la frontera mágica (y magíca) de los 30 años (+ o -), sin abandonar las ansias de relación, aparece el deseo de dejar huella en la vida. De preocuparnos por la trascendencia de lo que hacemos. Empezamos a pensar en la gente que viene por detrás. En educar a nuestros hijos. En comprometernos en el trabajo. Intentar que el mundo sea mejor. Ya no solo para nosotros, que es la idea adolescente. También para los demás. Que existen o existirán.


Esto supone una curva de crecimiento apasionante que, lamentablemente, tiene un momento de inflexión. La vejez. ¿Que hay que hacer entonces? Posiblemente, pensar que si no llegamos a algo, otras cosas también pueden ser atractivas. Es la adaptación. También hay que mantener la ilusión en seguir dejando huella. Aportar nuestro pequeño o grande granito que ayude a mejorar la humanidad. Avanzar.
Entiendo que coexistimos cinco generaciones. Los niños hasta los 14 años. Los adolescentes y jóvenes que se prolongan hasta los 30. Los adultos hasta los 70. Y los viejos hasta el mas allá.
A medida que avanzamos en generación pasamos de gran heterogeneidad (No tiene nada que ver un niño de 2 años con otro de 12, pero más cerca están una chica de 17 con otra de 27) a una mayor homogeneidad (No es complicada la relación de un hombre de 38 con otro de 62) Incluso en la relación de pareja. Posiblemente conseguirán mayor estabilidad dos personas de 55 y 35 años que otras de 45 y 25, aunque se lleven, en ambos casos, 20 años de diferencia.



El dialogo intergeneracional es complejo. Hoy me preguntaron sobre eso. Parece ser que el más sencillo es entre los niños y los ancianos. No se. Aunque es seguro que los abuelos saben (aunque no lo sepan) que están protegiendo al 25% de su carga genética.
Es un tema que da para pensar mucho. Tengo que aprender más psicología evolutiva si quiero mejorar en mi conocimiento. Que ando muy verde.

martes, 9 de octubre de 2012

Las niñas ya no quieren ser Princesas

Foto Xavier Ferrer Chust . Palermo, 2009
"Ruke di guk,ruke de guk
sangre hay en el zapato.
El zapato no le va.
La novia verdadera en casa está"

Jacob Karl,Willhelm Grimm

-Que guapa estas,pareces una princesa
-(Niña de 4 años) No quiero ser princesa,quiero ser pirata.

Y es que ya nadie quiere ser princesa,que está muy complicado,como dice  Jia Lui de "¿Quién quiere casarse con mi hijo?":
“dicen que para encontrar a un príncipe azul hay que besar cien ‘rabos’”

Y eso que los cuentos se adelantaron a su tiempo.Y ves princesas con los zapatos en la mano, volviendo a casa sin carroza,rimel corrido y cansancio acumulado.
Con príncipes de usar y tirar.
De pequeña yo como muchas otras soñábamos con príncipes azules,montados en caballos blancos.Pero te haces mayor y descubres que las princesas toman bebedizos que acortan barbillas y agrandan pechos.
Que lo Rumpelstiltskin no era magia sino fondos desviados.
Y entonces ves que en realidad lo más justo es estar con los descastados y gritar
¡Que les corten la cabeza!

Texto: Rosa Blanco

sábado, 6 de octubre de 2012

Y ayer fue antaño

Una tarde de este verano, un caluroso atardecer, un móvil enfundado como único delator de la actualidad de la imagen. El resto es casi intemporal: tres generaciones frente al mismo tablero donde innumerables familias han estrechado sus lazos más allá de sus disputas diarias. Y la abuela -80 años- machacando a su descendencia para asombro de los más jóvenes. Así siguió todo el verano.




No es cierto que sea imposible separar a los chavales de ahora de la parafernalia electrónica que les absorbe y aísla. No lo es. Quizás nos falta sacrificio, talento y ganas de demostrarles que hay mucha diversión más allá de las pantallas y que la celdilla sobre la que se teje cualquier red social, la familia, es el cimiento de todo.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Extraña convivencia

Playa. Desnudez. Alegria. Calor. Agua. Libertad. Paz. Risas.

Nuclear. Atomo. Destrucción. Miedo. Guerra. Contaminación. Dinero. Muerte.

 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Huir de la quema es hoy más barato

Hace unos días un amigo me decía que están dejando la Comunidad como un erial. Hablaba en sentido figurado, pero desde ayer la Serranía se quema y Valencia se desertiza un poco más. No obstante, si alguna ventaja parece haber traído la crisis es que hoy en día huir de la quema es más barato que nunca. Al menos lo es en Turís, uno de los términos en los que el fuego se cebó antes del verano.



Ya que esta entrada parece ir sobre múltiples sentidos -o sobre la falta del más común de ellos- usaré la expresión más polisémica que conozco para el caso, aquella que le leí hace ya mucho a Joaquín Araújo, y diré que estoy desolado.

martes, 18 de septiembre de 2012

Caprichos (de la vida y de la muerte)




Es curioso.
En la mayoría de pueblos y ciudades europeos los cementerios están integrados en la vida, entre las calles. Como los cementerios son parques, la gente va allí a leer el periódico, un libro o a comer un sandwich. O simplemente pasan por el cementerio porque constituye un atajo a su destino.

Los nuestros no... Nosotros no.

En muchos casos, la mera visión de un cementerio constituye casi un trauma. Esas necrópolis se nos aparecen como buques llenos de tristeza y desesperación, donde solo entramos si no podemos evitarlo, sea vivo o muerto. A diferencia de otros lugares donde la mayoría de los fallecidos termina su ciclo bajo tierra, nuestros muertos suelen permanecer en un pequeño “habitáculo” (aunque en este caso sería una denominación incorrecta si pensamos que habitar significa vivir) llamado nicho (vaya palabra fea), apilado uno sobre otro de la misma forma que los pisos en las casas de pisos. 

Sin embargo, mirando desde dentro de algunos cementerios la integración con la ciudad es mucho mayor de lo que creemos. Desde allí distinguimos hoteles, casas de pisos, centros comerciales, etc. Algunos de ellos incluso son muy muy parecidos a la necrópolis desde la cual los estamos viendo.


En realidad, cementerio significa “ciudad de durmientes”. Definición hermosa. Aunque en algunos de ellos, como el de Montjuïc de Barcelona, eso de dormir debería ser casi imposible si no fuera porque este es un sueño realmente profundo e inevitable. Al lado de la Ronda Litoral, casi una autovía, y de la parte comercial del puerto, los ruídos son constantes a todas horas. El otro día un atasco me obligó a parar en la ronda delante de Montjuïc. No podía evitar pensar en los miles de cuerpos acumulados, dormidos allí de forma plácida, o no,... en los miles de personas que fueron, quizá millones.. .


©fotos y texto: Sabina Salicrú


Nota de la autora: Todo parecido con la realidad puede ser pura coincidencia.