domingo, 29 de julio de 2012

Me caso

Pasaron esos años de fiesta con las amigas en la playa. Revolcones tras una noche en la disco cargada de ansiedad.
Pasaron los tiempos de estudio. Clases buenas y malas. Espacios de conversación y planes.
Pasó el tiempo de los viajes con mochila en busca del lugar más alejado. De las personas que no son demasiado nuestras.
También pasó una cierta rebeldía que no se pudo encajar.

Y paso el, ni voy a nombrarlo, pero pasó.
Ahora me caso.
¿Que pasa?
¿Que pasará?


Tengo ilusión.

jueves, 26 de julio de 2012

Me gusta la playa

Cuando llega el verano, una de mis actividades preferidas es ir a la playa. No es nada original. Podría hacerme el moderno y decir que en la playa es donde el cuerpo toma más contacto directo con la naturaleza. Uno va casi desnudo, sin zapatos, en un ambiente no dañino, sin pinchos ni bichos, y puede entrar en contacto de cuerpo entero con el agua, el viento y el sol. Podría decir que es una actividad democrática, que en pelotas se ve que somos iguales, que no cuesta dinero, y que es en gran parte saludable. Pero eso, aunque lo piense, no es la razón cierta de que me guste la playa.

En realidad me gusta ir a la playa porque es lo que he venido haciendo en verano desde que tengo memoria. Mis padres, trabajadores de cuello blanco que vivían en el interior de Andalucía, no hubieran podido permitirse llevarnos a la playa a no ser por el piso que mis abuelos tenían en la costa, a pie de arena. Generosamente nos dejaban pasar allí casi todas las semanas del verano. Así que mi padre nos llevaba a finales de junio, el quedaba de rodríguez y volvía a pasar con nosotros los fines de semana que podía.
Mis mejores recuerdos de la infancia son en bañador, que solo nos quitábamos para ponernos otro seco, tumbado en una extraña colchoneta amarilla y azul llamada "natapez", o flotando en una barca de remos "Kontiki"... La vida la hacíamos siempre en el exterior, solo entrábamos en casa para comer y dormir. Los pantalones largos daban una extraña sensación la rara vez que nos los teníamos que poner.
En mi niñez estuve aquejado por una alergia respiratoria que me impedía realizar grandes esfuerzos. Pero el aire de la playa me beneficiaba enormemente, así que pasábamos el mayor tiempo posible en la costa, pues allí podía correr, jugar al fútbol y a las palas, hacer las cosas normales de un niño sin la molestia del asma. A pesar de dormir en una habitación interior, el sonido de las olas nos arrullaba por la noche, y el viento del sur nos despertaba sobresaltados cuando venía sin avisar.
La sensación de libertad que teníamos en aquella época no se puede entender en la actualidad. Al volver año tras año al mismo lugar, hicimos las férreas amistades de la infancia. Aprendimos a jugar a las cartas, a gamberrear, a beber y a fumar... también a hacer fotos. Nos creció la barba y llegó el primer amor, los problemas de la adolescencia, un embarazo no deseado... todas esas memorias me llegan cuando ahora paseo por la playa. Así que no puede dejar de gustarme, porque la playa forma una parte importante en mi vida. Y ha querido el destino que viva a escasos dos kilómetros de la arena.

viernes, 20 de julio de 2012

Citadelle



Toca el momento de pausa, es el momento ausente, de abstracción, de oler el lugar, las piedras, la arena y el mar, de recordar lo leído y de viajar en el tiempo.

Miro al mar, dos barcos se acercan lentamente, Ingleses y Corsarios van a negociar. Los primeros quieren acceder al canal, reponer fuerzas, recoger víveres y descansar. A los segundos solo les interesa el dinero, para ellos, para sus armadores y para la corona. 

[...]

Apretados por las calles, artesanos, mercaderes, bodegueros... cuanto bullicio, que pasa? a donde van?

- Jacques Cartier va a partir señor!

Dos barcos y un nuevo mundo por explorar al otro lado del mar; la gente aupa a los valientes, fruta, vino, flores; van a zarpar, más de cincuenta hombres astronautas de mar.

[...]

Y ese zumbido? viene del cielo... gritos, prisas, miedo y mas gritos... son aviones americanos !! La ciudadela esta en sitio, y parece que lleva mucho tiempo, miro hacia ella, derruida, casi escombros. La defensa esta en marcha, los cascos alemanes siguen con prisas y sus posiciones artilladas escupen fuego al cielo buscando cazar.

Sé que de aquí unos siglos, alguien se parará, justo aquí, tomará aire profundamente y dará un vistazo atrás, oliendo las piedras, la arena y el mar.





Saint-Malo, Francia
8 Agosto del 2010

jueves, 12 de julio de 2012

La felicidad, un análisis de campo.


18:30 Después de quince quilómetros de marcha y mientras me regalaba una ducha recordé que Yuri y Natasha regresaban al día siguiente a Moscú desde su retiro en Oporto. Sería fantástico! pero...400 km, o una bonita puesta de sol en el Duero; tres horas y media en el coche, o un oporto tawny en mi querido Majestic; cien euros, o una anodina velada como alternativa...el agua seguía corriendo y...qué diablos! Tenía que ir...aposté por Yuri, Natasha, mi cena con puesta de sol, el café Majestic y un brindis aventurero.





19:30 Después de pasar la frontera y mientras buscaba la A3 para poner rumbo directo y a toda máquina hacia Oporto, me encontré con una creciente sensación de felicidad y recordé una fórmula que había descubierto recientemente. Vaya! En un numerador dominado  por unas emociones que tomaban el control, la sensación de satisfacción social unida a mi reproducción anticipada del encuentro y a todos los detalles que lo iban a rodear estaban construyendo una burbuja llena de felices descargas. Resulta que la fórmula no era descabellada y estaba funcionando a la perfección.
21:15 Los tres en el Majestic compartiendo risas, ocurrencias y vivencias. Luego descenso hacia el río para escoger nuestra cena y seguir con la tertulia. Recuerdo que salió a relucir de nuevo la fórmula a raíz de un pequeño debate sobre la intuición. También recuerdo que fascinado por la certeza que había demostrado ese día, renuncié a mis atribuciones esotéricas  intuitivas de buen piscis en beneficio de unas emociones que aprenden de la experiencia.



00:20 Una vez saboteado de forma involuntaria el plan fadista que tenían Yuri y Natasha comenzamos un inevitable paseo por la orilla del río hacia el puente Don Luis I, otro de mis objetos de deseo. Todo discurría tal y como las matemáticas me habían mostrado que debía ocurrir.

00:30 Aledaños del puente y de repente primeras exclamaciones de miedo y sorpresa. Un pequeño grito detrás de mi, varios suspiros a mi lado, murmullos in crescendo...cuando acierto a comprender que algo raro sucede y miro alrededor sólo consigo ver gente que  mira asombrada hacia el cielo. Pero qué diablos!  Un individuo encaramado a la estructura metálica del puente asciende sin pausa sus 62 metros de altura. Un pequeño resbalón congela el tiempo y dispara los gritos de angustia de todos nosotros, los espectadores; un impulso y de nuevo hacia arriba.



01:00 La policía ya ha cortado la circulación de barcos, coches y metro y una unidad de buzos se prepara para intervenir. Mientras, nuestro hombre se detiene y se asoma con solemnidad al vacío. Fascinado me preparo para asistir a la reproducción de una tragedia al estilo de la Plaza Syntagma. El azar me va a proporcionar una demostración en directo de cómo funciona el denominador de la fórmula de la felicidad. Un poder político oscuro que inquieta y asusta a las personas asociado al estrés económico del presente y al miedo al futuro ha acabado por hacer que ese cerebro pierda el control sobre los acontecimientos y sumido en una profunda depresión se prepare para despedirse con una última zambullida en el Duero.  Tragedia y épica a raudales, una buena página para la Historia esta vez escrita en clave portuguesa.
01:15 Lo siento, se rompió el hechizo. Asisto atónito a cómo nuestro héroe desde la altura empieza a saludar y a aplaudir; incluso emula un solo de guitarra para su público antes de continuar la escalada. Cabrón! No era una víctima del denominador de la fórmula. Igual que yo, estaba avanzando por el camino de la felicidad, estaba usando las mismas variables...pero qué magnitud! vaya intensidad! No pude dejar de pensar, enfurruñado, que había dejado mis 400 kilómetros de aventura horizontal en una cagarruta que apenas se distinguiría desde lo alto del Don Luis I. A tus pies compañero! pero no voy a esperar a que el público pida un bis.



04:00 En fin, buenas noches y felices sueños!


05:37 (En plena fase R.E.M.) Amigos, aquí tenéis la fórmula, paladeadla, sabe a oporto tawny.


Óscar Aparicio Fernández

lunes, 9 de julio de 2012

El último guarda jurado del ferrocarril de Hejaz

El ferrocarril de Hejaz fue construido por los otomanos a comienzos del siglo XX con el objetivo principal de facilitar los peregrinajes a los lugares sagrados musulmanes de Arabia a la vez que favorecer el dominio militar en el Oriente Medio.
Los beduinos, igual que los indios americanos, nunca vieron con buenos ojos que camellos humeantes atravesasen sus desérticas arenas y las traviesas de madera sobre las que se sujetaban los raíles de hierro desaparecían de debajo de las líneas férreas para alimentar las hogueras de sus campamentos ambulantes.
La situación actual de Siria hace que el ferrocarril no se utilice como medio de transporte humano y  se limite al transporte de mercancías desde las minas de fosfatos hasta Aqaba.
Si hace 100 años eran miles los otomanos que abortaban dichos sabotajes hoy solamente un fiel vigilante canino guarda el buen mantenimiento de las vías de Hejaz.





José Manuel Rodríguez