sábado, 2 de noviembre de 2013

Blanco y negro

Hay un momento para la vida y otro para la muerte.hay un momento para ser feliz y otro para no .Hay un momento para verlo todo blanco y otro para verlo todo negro.
Y más allá cuando se despeje la niebla y se pueda ver más lejos ,habrá negros y blancos y grises y azules y rojos y verdes...

"Hay gaviotas y cigüeñas y cacatúas. Hay las paredes de esta habitación y las sábanas de mi cama. Hay lirios del valle, claveles y los pétalos de las margaritas. Hay la bandera de la paz y el luto chino. Hay la leche materna y el semen. Hay mis dientes y la magia blanca. Hay mentiras blancas y calor blanco. Luego, sin vacilar, pasa al negro, empezando por listas negras, mercado negro y la Mano Negra. Hay la noche sobre la ciudad. Hay zarzamoras y cuervos, azabache y pez, Martes Negro y peste negra. Hay magia negra. Hay mi pelo. Hay tinta que sale de la pluma. Hay el mundo como lo ve un ciego."

Fragmento de la trilogía de New York de Paul Aster

Rosa Blanco

martes, 29 de octubre de 2013

Click

Tenía esta foto abandonada en el archivo. Tomada en película hará un par de años. Y esta noche, pensando (e intentando hilvanar una historia) sobre esta época cargada de injusticias que nos toca pasar, apareció la foto.
Es una instantánea. Gente que no conocí ni conoceré. Que estaban ahí. Para el recuerdo.
La composición no está mal. Supongo que es un atardecer de finales de Septiembre.
Tal vez no ocurría nada especial en ese momento. El se agachó, quizás acababa de salir del agua. Y ella le esperaba.
Tal vez el buscaba algún crustáceo. Y ella empezaba a cansarse de esperar.
Tal vez tenían bronca. Ella quería dejarlo. Y el hombre suplicó una nueva oportunidad.
Tal vez.
Ahí esta la magia.
Las fotografías nos ayudan, ¡nos impulsan! a soñar.
Cualquier foto, por muy trivial que pueda parecer, es una puerta a la imaginación.
Cualquier foto es un gran recuerdo.
No hay malas fotos. Aunque solo le importe a una persona, aquella foto valió la pena.
¡Darle al click!


domingo, 13 de octubre de 2013

La novia y el chofer.

Margarita, ¡es tan feliz! Esta mañana otoñal. Anoche durmió raro. Pero, una no se casa todos los días. El vestido le sienta genial. Jamás la peinaron y maquillaron tan bien. Siente que está radiante. Deja la casa de los padres. Ahora estará con David.

No van a tenerlo fácil. David terminó empresariales y todavía no tiene trabajo. Pero, de momento, les bastará con los mil euros que ella gana en el bufete. El piso les quedó fenomenal. La madre de David tiene mucho gusto. Se lleva muy bien con ella. Tanta ilusión por delante. ¡El día más feliz de mi vida!

Esta mañana, Juan Carlos está muy cansado. Pasó la noche en el hospital. Remedios está cada día peor. Por mucho que digan los médicos, ve que se está muriendo. No mejora nada. No es que la quiera demasiado. En realidad, nunca la quiso. Pero han pasado más de cuarenta años casados. Y eso, de una manera u otra, pesa.

Compartieron hogar. Tuvieron cuatro hijos. No se amaron. Tal vez un poco los primeros años. Pero, ¿eso importa? No discuten demasiado. Se hacen compañía. Cuando cobre la viudedad, igual se plantea dejar este empleo de chofer. Ya un poco harto de pasear a novios.

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Margarita y David se separaron a los siete años de casados. Ella conoció a Javier, un fotógrafo de bodas. Se enamoraron. David lo pasó mal durante unos nueve meses. Pero le nombraron product manager y ya le fue bien disponer de más dinero.

Juan Carlos ya no es viudo. Se volvió a casar con Carlota, veinte años más joven que el. La deja hacer, no le importa. Los ratos que pasan juntos, le valen.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La muerte dulce


Javier tiene 86 años. Se mantenía bien hasta hace un par de meses. Pero perdió, casi de un día a otro, el apetito. Le costaba ir de vientre. Y manchaba un poco de sangre. Los primeros días no dijo nada a nadie. Pero, se sentía cada vez peor y, al fin, se lo contó a su mujer.
Le llevaron al hospital. No fueron necesarias demasiadas pruebas. Tenía cáncer de colon.
El internista que le atendía comentó con cirugía. Un tratamiento radical no era posible. Demasiado agresivo para Javier. Que además era diabético y padecía del corazón. Podían resecar algo del tumor y hacer un bypass para mantener el tránsito intestinal. No se libraba de la enfermedad, pero igual mejoraba su calidad de vida. A lo mejor.
Le operaron. Mas o menos bien. A la semana empezó a toser y ahogarse. Tenía una pulmonía. Los antibióticos mataron al microbio.
Pero Javier ya casi no comía nada. Los pensamientos se fueron de su control. Incapaz de levantarse de la cama. Cada vez más débil.
Hace una semana que soy su médico. Hemos hecho las cosas que parece se deben hacer. Pero Javier va a su ritmo. Ya se niega a comer, no quiere levantarse de la cama. Sonrie cuando me ve. Eso si.
Hoy dijo que quería una muerte dulce. Se siente orgulloso por ser el último que se va de sus amigos. Cuenta, que en la plaza, en Singerlin, habían hecho apuestas. El siempre era el primero de la lista. Y, al final, será el último en marchar.
- ¿Miedo a morir? ¡Para nada!
- He vivido miserias y alegrías. Mas de esas que de las otras. Pero ya quiero estar tranquilo.
- Hable con mi mujer. Ella es mi vida. Le explicará mejor que yo.
Rosalia es 10 años más joven que Javier. Tiene su edad, pero lo lleva bien. Lleva 50 años en Cataluña pero sigue siendo muy de su Carmona natal.
- Mi marido es muy listo. Llegó aquí, sin nada. Y montó el taller. Ahora lo llevan mis hijos. El les dio todo.
- Ya se como está. Lo dijo la cirujana.
- Doctor. El quiere una muerte dulce. Que no sufra. Estaremos siempre con el. No nos falle, doctor.


martes, 17 de septiembre de 2013

Vicent Carrión: Olor a aceite quemado

Hacía muchos años que no asistía a una competición motociclista en directo. Recuerdo, en la década de los ochenta, ver en una población vecina a la mía como Jorge Martínez “Aspar” vencía a Joaquín Alós “El Gato”, el piloto “number one” de mi pueblo en la época. Al final de la carrera, el de felino mote atribuía la victoria de “Aspar”  – el apodo le viene, tengo entendido, de su abuelo, que era “aspardenyer”, es decir, en la lengua valenciana, el artesano que hace alpargatas –  a su máquina: un “pepino” comparada con el “aparato asmático” que él llevaba.

Desde entonces veo las motos por la tele y, claro, al asistir un día del pasado agosto a la prueba que se celebra anualmente durante la Fira de Xàtiva, no pude más que, igual que un japonés al ver una “mascletà” por primera vez, quedar impactado, impresionado.







El olor a aceite quemado, la humareda de las salidas, el rugir de los motores, los pilotos tan cerca, la parafernalia que rodea todo este mundo… en fin, un cúmulo de sensaciones que hacen que la gente prefiera ver estos espectáculos en vivo, a pesar de que no se pueda disfrutar de la repetición de un adelantamiento o incluso no se sepa, inmediatamente, quién ha ganado.







No soy un forofo del motociclismo pero os aseguro que esa mañana lo pasé en grande.

domingo, 21 de julio de 2013

Un poco más allá.


Un poco más allá. Salir del espacio chico del cada día.
(Pero como más te acercas al horizonte, más lejano está. Porque estás más cansado)

¿Que podía contarle Alfonso a Clara?
Que si, que ya está, que lo pasaron bien, que fueron unos años hermosos…
- Que somos una familia, que los hijos son felices y nuestros padres nos adoran.
- No es lo que piensas. Si que eres muy guapa. Eres la más hermosa del mundo. No es eso.

¡Ay! La pobre Clara. En su bikini a rallas verdes y azules. La cabellera rubia mecida por el viento. El cuerpo esculpido en el gimnasio. Las uñas, perfectas, de color carmín. Como los labios.
- Alfonso, no lo hagas. Ahora, ya, no. No quiero sufrir.

Pero Alfonso, a sus 52 años, estaba decidido a hacer un curso de Windsurf. Pesara a quien pesara.

(Para Rosa B. que seguro que pilla.)


domingo, 7 de julio de 2013

Temps / Tiempo

No et trobo a faltar.
Se que estas.
Tot i que no et puc veure.
El temps de compartir plegats ha acabat.
Allò de "avui he fet", "estic pensant","em preocupa" ja no existeix.
No queden ni els "hola" o els "ey".
Tot aixo va morir aquella tarda trista de malentesos.
I, sembla, saps que? Ara viure, potser, es mes senzill.
Si acceptem que viure sense les persones que apreciem facilita el passar dels dies.
I ens torna a aquella distancia, sense compromisos que, al menys a mi, m'ha caracteritzat sempre.
Potser mai havia d'haver deixat aquesta manera tan meva de ser introvertit...
Hi ha enyorances, clar.
Però el temps pot amb tot.
Fins i tot amb aquesta melancolia que m'envolta.
El temps. Sols falta aixo. Una mica mes de temps.

(Enric Cases. 1961- 2002)

No te encuentro a faltar.
Se que estás.
Todo y que no puedo verte.
El tiempo de compartir ha terminado.
Aquello de "hoy he hecho", "estoy pensando", "me preocupa" ya no existe. 
No quedan ni los "hola" ni los "ey".
Todo eso murió aquella tarde de malentendidos.
Y, parece, ¿sabes que? Ahora vivir es, tal vez, mas fácil.
Si aceptamos que vivir sin las personas que apreciamos facilita el pasar de los días. 
Y nos devuelve a aquella distancia, sin compromisos, que, al menos a mi, me ha caracterizado siempre. 
Tal vez nunca debería haber dejado esa manera de ser tan introvertida...
Hay añoranzas, claro.
Pero el tiempo puede con todo.
Incluso con esta melancolía que me envuelve.
El tiempo. Solo es eso. Un poco más de tiempo.

(Enric Cases. 1961- 2002)





miércoles, 5 de junio de 2013

De viaje por la infancia

Ya comenté en una vieja entrada que el pasado era un país extranjero, que funcionaba bajo distintos presupuestos a los del que lo visita. No hace mucho tuve una visión alternativa de este fenómeno durante un pequeño viaje en bici que, al coincidir con la Semana Santa, no sólo me llevó a otros lugares sino que me hizo visitar, como turista, mi propia infancia.

Y es que no hay modo más preciso de describir el impacto de verme envuelto, tres días consecutivos, en las procesiones de Semana Santa de tres poblaciones de diferente tamaño tras llevar más de tres décadas -desde que era un niño- sin asistir a ninguna de ellas ¿Cómo no calificar de impactante ver a medio pueblo disfrazado, pues disfraz es el vestido de nazareno para quien el descreimiento y la distancia han desnudado al hecho religioso de toda su trascendencia? Ver al conjunto de autoridades cerrando las procesiones, tal y como han debido de hacer durante siglos, le retrotrae a uno a tiempos menos masificados y más directos.


Reconozco que había perdido totalmente la conciencia de la repercusión popular de estos eventos, que parecen mover a toda la población pese a que se centran en un asunto que a su mayoría, en realidad, ya ni les va ni les viene. Tengo que confesar que sí vi gente poco involucrada: un grupo de chiquillos inmigrantes (un magrebí, un sudamericano y dos rubios del Este) que se pasaron dos horas de procesión riéndose de todo el mundo y haciendo alguna que otra maldad, prueba quizás de que en este tipo de manifestaciones hay que estar dentro para que realmente funcionen. Para la Iglesia, indudablemente, es una de las pocas formas que le van quedando para socializar e imbricarse en la vida de la población.


Como toda manifestación artística de alto impacto, y una procesión no deja de tener algo de teatro callejero, la música tiene una importancia capital y en dos o tres pasos llegó a hacerme conectar con ellos y sentir un punto intenso de emoción. Cada uno lleva su banda, tan importantes aún en los pueblos, y con mucha gente joven entre sus componentes, cuyo único contacto con la música sería probablemente en otras circunstancias la última banalidad de Justin Bieber o Rihanna.

Como casi siempre ocurre cuando nos cruzamos con la religión, hubo también espacio para las sombras. Al aparecer las personas mayores descalzas -no observé a ningún joven en ese trance- incluso sin calcetines sobre un asfalto húmedo y helado, comprobé que las promesas siguen aún vigentes, fieles al eterno gusto de la Iglesia católica por el castigo físico, la penitencia y la compra de favores divinos mediante el sacrificio y el dolor. Es esa obsesión en contra de la alegría, la belleza y el placer, y a favor de la oscuridad, el sufrimiento y la sangre, un mecanismo evidente para vendernos esa vida eterna que sólo ellos pueden proporcionarnos, tan evidente que sorprende que aún funcione.

domingo, 26 de mayo de 2013

Nacer pobre


Joder. Joder y joder. No pensaste nunca que las cosas pudieran ir tan mal. Una infancia de miseria en el Pakistan natal. Vida en una media casa. Las calles llenas de barro. Una escuela mínima para aprender un par de cosas. A los 10 años trabajando para hacer camisas. El encargado siempre chillando. ¡Azotes!
A los 16 alguien te habla de marchar a Europa. Ahorras los dos mil ni se sabe como. A los 24, ya casado y con tu hija, tomaís el vuelo. A Paris.
Un barrio del sur. Un trabajo duro en el mercado de abastos. Cargar con esas terneras tan grandes durante ocho horas.
La niña crece. Va a la escuela. Aprende.
Te duele tanto la espalda que ya no sabes si podrás continuar. Tienes 40 ya.
Mahin te dice: Ves a España. Ahi están bien. Monta tu negocio.
Sigues ahorrando. Llegas a Barcelona en el 2007. Te ayudan a buscar el local. Un pequeño lugar en la calle Aribau. "El millor preu", le llamas. Un colmado donde vendes un poco de todo. Abierto desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche. Todos los días. Tu mujer te ayuda a cubrir las horas. La niña, que ya no es para nada niña, está estudiando para ser fisioterapeuta.
Parece que la vida va bien. Hay sonrisas. Por la noche. El único momento para el descanso.
Pero en el 2009 algo se tuerce. No sabes que pasa. Los clientes bajan. Vendes menos.
Esa gente alegre que pasaba a última hora a comprar bebidas y algo para comer ya no viene.
En el 2011 todo es peor. En la calle de arriba han abierto un supermercado, de cadena, que hace el mismo horario bestia que el tuyo.
Casi nadie entra ya en tu tienda.
Hace un par de meses que has colgado un cartel para traspasar el negocio.
Nadie está interesado. Ya te ves bajando la persiana, un día.
Y no volver.
Y ya no saber que hacer.
Joder. Joder y joder.
Esta vida no es para los que nacimos pobres.

jueves, 23 de mayo de 2013

Final de ciclo.


Hace apenas unos minutos que hemos llegado a casa. Tras asistir a la ceremonia de final de bachillerato en el colegio de Marta. Daniel terminó el año pasado.
Los diferentes oradores se han referido, entre otras cosas, al final de una etapa y al inicio de otra.
Esa sensación también la tenemos los padres.
Nuestros hijos entraron con 2 años y han salido con 18. Siempre en la misma escuela.
Cuando buscábamos colegio esperábamos encontrar un modelo educativo que defendiera tres valores.
Formar personas con espíritu crítico, para mejorar la sociedad.
Capaces de pensar y decidir por ellos mismos, que es la clave de la felicidad
Y que valoraran la cultura del esfuerzo. No para competir contra otros. Pero si para competir contra ellos mismos.
Creo que nuestros hijos han incorporado estos valores.
A partir de ahí, han de construir los suyos. Los hijos son prestados.

Permitidme terminar esta nota biográfica con una fotografía con Marta.