jueves, 8 de diciembre de 2011

El mejor restaurante low cost del mundo



Puedes escoger Altitude 95 en la primera planta o Jules Verne en la segunda. Pero la Torre Eiffel ofrece una oportunidad inolvidable para cenar en modo "low cost".
El césped del Campo de Marte se convierte por la noche en un desfile variopinto de cestas de picnic. Camembert de Normandie, pâté en croûte, foie gras, pan y una botella de vino...el menú perfecto para una noche ideal.


Te encuentras cenando dentro de una postal; en un ambiente distendido, relajado y que invita a partes iguales a la charla y a la ensoñación. No pocas veces me encontré mirando ensimismado hacia la torre rodeado de un murmullo de bienestar. Y cuando se ilumina y te encuentras formando parte de ese suspiro colectivo, sólo puedes sonreír. Es uno de esos momentos propicios para felicitarte por la realidad.



jueves, 1 de diciembre de 2011

Renuncia al esplendor artístico

Este díptico lo tengo bien expuesto en el salón de mi casa; una copia de 45x140. Un amigo me dijo que le parecía demasiado inquietante para una estancia tan social. Vamos, que no incitaba al buen rollo y al relax. Pues vaya! Yo le tengo mucho aprecio!
Si me tuviese que situar fotográficamente tendría que refugiarme en el "cuentacuentos" que defendía mi amigo José Manuel en una vieja conversación. Pero como a todos, a veces el cuerpo te pide algo más.
La idea surgió a raíz de la lectura de un ensayo de Oscar Wilde, La decadencia de la mentira. Resumido en una sola frase, argumenta que "contar cosas bellas y falsas es el objetivo propio del arte". En mi fantasía me limité a intercambiar los papeles y convertí el arte mentiroso en la mentira artística.


No quiero renunciar a la mentira; sería muy atrevido e ingenuo. Pero si que reniego de su versión más artística y superflua. Esa con la que buscas agradar, deleitar y proporcionar placer a todos tus vecinos. Esa que nadie te puede reprochar y que te permite interpretar todos los días un papel para un público entregado que aplaude lo bueno, caritativo y digno de estima y misericordia que eres. Esa que luego tienes que pagar aplaudiendo a tu público.
Como el arte en el ensayo, ella "puede hacer milagros a voluntad, y los monstruos salen del abismo a su llamada. Puede ordenar al almendro que florezca en invierno y hacer que nieve sobre el campo de trigo en sazón. A su voz, la helada coloca su dedo de plata sobre la boca ardorosa de junio, y los leones alados de montañas Lidias salen de sus cavernas. Cuando pasa, las dríades la espían en la espesura y los faunos bronceados le sonríen extrañamente. La adoran dioses con cabezas de halcón, y los centauros galopan junto a ella"

Yo me quedo con la tosquedad y rudeza de los personajes que rechaza, esos que "reproducen su vulgaridad hasta en los menores detalles; tienen el tipo, las maneras, el traje y el acento de la gente real; pasarían inadvertidos en un vagón de tercera clase"...aunque sea porque subieron sin pagar el billete.
Como diría Mr. Wilde, "dos toques de naturaleza destruyen cualquier obra de arte".