jueves, 17 de noviembre de 2011

Mis dos céntimos de street photography

Me gusta acercarme a la web de Steve Huff. Tiene muy buenos análisis basados en sus experiencias reales con diferentes equipos fotográficos. Eso es fantástico para gente como yo que se pierde ante las avalanchas de datos técnicos y que además no necesita de esos recortes al cien por cien donde la calidad parece que muerde.
Pero todavía me gusta más la sección de contribuciones fotográficas de sus lectores, los "daily inspiration". Hace unos  días leí una aportación de Eric Kim. Planteaba 10 recomendaciones para llegar a ser un buen fotógrafo callejero. No pude resistir la tentación de "psicoanalizarme".

1. Acércate. (Ummmmh! Demasiado atrevido para empezar. Yo soy un tímido caballero.)
2. Fotografía caras. (Deliciosas expresiones que los puntos uno, cuatro y cinco convierten en duelos a muerte.)
3. Procura contar historias. (Eso me gusta. Soy Piscis; ¿qué haría sin mis historias?)
4. No pidas permiso. (Nunca lo haría; pero por respeto a mi integridad física.)
5. No utilices teleobjetivos. (Fantástico, a mi tampoco me gustan las armas.)
6. No hagas fotos a artistas callejeros o a gente sin hogar. (Pues claro! ¿A quién quieres engañar? ¿A ti mismo?)
7. Experimenta con ángulos nuevos. (Estoy preparado. No me gusta nada bailar, pero  contonearme por una foto me parece excitante.)
8. Analiza el trabajo de los grandes maestros. (Bien. No puedo dormir sin un libro.)
9. Haz fotos todos los días. (Lo siento, tengo muy poco pelo y eso es síntoma de tener poco tiempo para todo.)
10. Espera antes de compartir tus fotos, dales tiempo y perspectiva. (Pero qué dices! Blogs, webs, flickr, facebook, twitter...eso se llama ansiedad.)

Cifraría mis probabilidades de éxito en un 30% escaso. En mi defensa diré que el examen me parece extremadamente difícil. Por eso he tenido que buscar y buscar en mis bolsillos hasta encontrar esos dos céntimos. Pero que no me llamen tacaño; aquí están!







viernes, 11 de noviembre de 2011

Al otro lado de dos cafés

He decidido reservar diez euros de mi presupuesto para permitirme una mesa y un café en lugares con encanto e historia. Capricho pudiera ser. Me gusta disfrutar de mi café mientras escucho a todos esos personajes históricos que se han sentado allí. Quizás sólo sea una forma discreta de conseguir un buen puñado de autógrafos a precio de ganga y con la consumición incluida. No importa temperatura, aroma, o sabor. Además en el Antiguo Caffé Greco de Roma ahorré un euro.



Por allí cerca también aparecen ofertas de última hora; dos minutos de retrete por noventa céntimos y de regalo un café. De vuelta a la mesa, con el café por trinchera asomas la cabeza y...bebidas, rojo, báscula, amarillo, verduras, azul, moto, verde, futbolín, lila, unicornio, fucsia, Marilyn, morado, Einstein, rosa...diablos que asfixia!!! Todo se mueve alrededor de mi silla naranja oxidado. Un poco de café para abrir los ojos...un poco más...y un fondo de espuma para ver. Pero si todo combina con una armonía imposible! Parecen recuerdos de una vida contada con flashes de colores!

Me sentaré de nuevo a escuchar durante horas al señor Byron o al señor Keats, pero cuando apriete la necesidad me quedará un euro. Diez céntimos de propina para un recuerdo coloreado más.


jueves, 3 de noviembre de 2011

El pavo deconstruido de Ramón Collado

En la wikientrada sobre Ferran Adrià encontré una explicación sobre la deconstrucción aplicada a los fogones. Dice, "consiste en aislar los diversos ingredientes de un plato, generalmente típico, y reconstruirlo de manera inusual, de tal modo que el aspecto y textura sean completamente diferentes mientras que el sabor permanece inalterado".




Hace años probé la receta de pavo del amigo Ramón Collado. Una presentación minimalista e innovadora. Cuando lo vi sobre la mesa me hipnotizó. Con reverencia me atreví a saborearlo. Exquisito, sabía a pavo!  No tuve nunca muy claro cómo referirme a él. Llamarle pavo me parecía un poco soso, falto de gusto. Ahora, por fin he descubierto su nombre...era un pavo deconstruido.
Me animé a copiar a Ramón. Estaba tan contento que incluso le hice una foto a mi cena de aquel día, la que podéis ver aquí. Genial!!! Por fin pude deshacerme de la dependencia a los huevos fritos. Guardé la foto al lado de otros recuerdos hasta hoy. Qué pena que entonces aun no supiese cómo describirlo; me habría ahorrado algún que otro quebradero de cabeza cuando cocinaba sin saber bien lo que hacía.
Lo mejor de la receta es que se pueden cambiar los ingredientes a voluntad. Qué grande es este pavo!