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miércoles, 24 de abril de 2013

Platos de cuchara

Cada vez que como un buen plato de arroç amb fessols i naps, un potaje o incluso una humilde sopa de ajo, me pregunto el porqué del abandono contemporáneo de los platos de cuchara.  No me acaba de convencer la explicación convencional que dice que ya no hay tiempo para cocinar. Muchos de estos platos apenas precisan de un rato para su preparación, ocupándose el resto del tiempo en la cocción, que muchas veces concluye por calor residual, incluso durante la noche. Algunos platos, como muchas sopas sabrosísimas, ni siquiera necesitan una cocción larga.



A veces me parece que todo se deriva en realidad de una concesión más a los caprichos infantiles, que se arrastra luego por dejadez e incultura gastronómica hasta la edad adulta. Antes, si el chaval no quería sus lentejas o su potaje, no tenía otra que comérselos y, con el tiempo, aprendía a apreciarlos. Ahora, basta que diga que no los quiere para que su mamá le haga, amorosa, los macarrones o la pizza que parecen ser lo único que gusta a la juventud de estos días, aparentemente indignados con todo menos con la bazofia que comen.

Por supuesto, en otro de esos quiebros satíricos con que tantas veces se nos ríe la vida en la cara, los platos de cuchara están resurgiendo en la hostelería, con nombres ornamentados, la procedencia de cada ingrediente bien identificada en la carta, y precios más propios de un salón parisino que de una casa de comidas, trasunto comercial del comedor de la abuela, sacro origen de todo lo sabroso del mundo.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Castells

La humanidad siempre ha tenido la necesidad de proyectarse hacia arriba, ya sea en el plano espiritual como en el material a través de diferentes expresiones culturales e ingenios de todo tipo. Una de las que me parece más fascinante ya sea por proximidad cultural y geográfica son las torres humanas llamadas Castellers (Castillos). Estas construcciones humanas levantadas con el esfuerzo de un conjunto de personas pueden extrapolarse metafóricamente a la construcción y desarrollo de una sociedad moderna actual. En estas estructuras humanas encontramos ciertos elementos que de manera simbólica tienen su paralelismo en la sociedad, como la base llamada "Piña" que refuerza la construcción y le da apoyo, la base y el tronco por el que van subiendo los integrantes de los pisos, y, finalmente el "enxaneta" la labor del cual es llegar hasta arriba del todo y coronar el castillo que es uno de los objetivos comunes a alcanzar, si consiguen desmontarlo sin que la estructura se derrumbe el éxito es total.


Para que el "enxaneta" pueda alzar el brazo en la cumbre es necesario que todos y cada uno de los que están debajo aporten su máximo esfuerzo, concentración y sentido de equipo para alcanzar el objetivo propuesto. También es necesario por parte de los integrantes tener un cierto grado de confianza y compromiso para alcanzar el objetivo común, y como no, generosidad, para ayudar al que le cuesta subir sin pedir nada a cambio. En estos grupos de Castellers (Creadores de castillos) se puede ver a primera vista una gran integración social, encontramos a personas de todas las edades, hombre y mujeres de diferentes religiones y posición social, un punto que supuestamente seria lo ideal en cualquier sociedad moderna actual, pero creo que hay en nuestra estructura social un exceso de "enxanetas" gordos y opulentos ansiosos de estar en la cima que aplastan toda la estructura y no la dejan crecer. Los Castellers son un ejemplo vivo de esfuerzo y trabajo en equipo, pero por lo que vemos en nuestra sociedad, las altas finanzas y concretamente en la política, los ciudadanos difícilmente pasaremos de la base. Aunque hay muchos que sí aportan su esfuerzo y contribuyen a que vayamos avanzando poco a poco en la construcción de la sociedad.


Texto: Xavier Sánchez.
Fotos: Carlos Bueno, Xavier Sánchez.

sábado, 6 de octubre de 2012

Y ayer fue antaño

Una tarde de este verano, un caluroso atardecer, un móvil enfundado como único delator de la actualidad de la imagen. El resto es casi intemporal: tres generaciones frente al mismo tablero donde innumerables familias han estrechado sus lazos más allá de sus disputas diarias. Y la abuela -80 años- machacando a su descendencia para asombro de los más jóvenes. Así siguió todo el verano.




No es cierto que sea imposible separar a los chavales de ahora de la parafernalia electrónica que les absorbe y aísla. No lo es. Quizás nos falta sacrificio, talento y ganas de demostrarles que hay mucha diversión más allá de las pantallas y que la celdilla sobre la que se teje cualquier red social, la familia, es el cimiento de todo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Huir de la quema es hoy más barato

Hace unos días un amigo me decía que están dejando la Comunidad como un erial. Hablaba en sentido figurado, pero desde ayer la Serranía se quema y Valencia se desertiza un poco más. No obstante, si alguna ventaja parece haber traído la crisis es que hoy en día huir de la quema es más barato que nunca. Al menos lo es en Turís, uno de los términos en los que el fuego se cebó antes del verano.



Ya que esta entrada parece ir sobre múltiples sentidos -o sobre la falta del más común de ellos- usaré la expresión más polisémica que conozco para el caso, aquella que le leí hace ya mucho a Joaquín Araújo, y diré que estoy desolado.

miércoles, 20 de junio de 2012

Seleccionando

No, este mozo no está preparando la Selectividad, esas pruebas que en base a su porcentaje de aprobados no parecen seleccionar nada. Habrá que llamarlas Clasificatorias, puesto que su propósito parece ser dividir a los futuros universitarios en dos categorías: los que estudian lo que quieren y los que estudian lo que pueden. Y eso que en España hay universidades en casi cualquier unidad territorial que le permite a un político crear una.


Y eso es lo que está haciendo nuestro mozo: intentar que sus notas sean suficientemente altas para que, llegado el momento de decidir, sea su vocación, sus intereses o cualquier otra consideración personal las que le lleven hasta esa actividad de la que, si todo va bien, vivirá el resto de sus días, y no toda una serie de reglas administrativas derivadas en muchos casos del conformismo o incapacidad de los gestores. Tensión, amargura y esfuerzo que e añaden al trabajo intelectual en pleno periodo de su maduración como persona.

viernes, 20 de abril de 2012

¿Que ha pasado que yo no puedo entender?



Marga vino a España buscando algo que no le daban en su Ecuador natal. Tampoco demasiado. Un poco de casa y algo para ir tirando. También buscaba un ahorro para ayudar a los que no dieron el paso de cruzar el charco. Al principio las cosas fueron bien. Incluso más que bien. 
Su formación como ingeniera informática le abrió las puertas en una empresa dedicada a la gestión de ventas de viviendas de segunda mano. No solo montó la Web. Era la máxima responsable de su mantenimiento. Tenía un sueldo fijo flojo, 1200€. Pero con las comisiones llegaba a los 5000€ cada mes. Dinero cobrado en negro. Enviaba 2000€ mensuales a su familia en Guayaquil.
A principios de 2010, la empresa inmobiliaria cerró. Eva cobró una indemnización de 10000€. Viajó a su país durante unos tres meses. Visitó a la familia y descansó.
A la vuelta tardó dos meses en encontrar un nuevo trabajo. Se encargó de ser uno de los supervisores del funcionamiento de la red informática de los cajeros de una Caja de Ahorros. Pocos meses más tarde, tres, la despidieron. Fue su primera experiencia en una regulación de empleo. 
Los siguientes doce meses fueron angustiosos. No solo no encontraba un trabajo adecuado a su preparación. Ya no había ningún trabajo. 
En la campaña de Navidad del 2011 la contrataron para promocionar nuevas terminales telefónicas. El empleo duró 20 días. 
Gracias a un amigo consiguió entrar como limpiadora en un restaurante del Eixample de Barcelona. Su sueldo, ahora, es de 700€ mensuales.
Hace un año que Eva dejó su piso. Ahora, comparte con otras. Son seis en una vivienda de 65 m2 en Nou Barris. A 40 minutos, en metro, del empleo.
Ya no puede enviar dinero a su familia. Y cada mañana se pregunta: ¿Que ha pasado que yo no puedo entender?
Marga es una de las personas mas preparadas de su generación. Y tiene ganas de ayudar a sus coetáneos. 
Ni ella, ni yo mismo, podemos explicar cuales son los derechos (y porque los tienen) de esa minoría codiciosa que aplasta el desarrollo de la gente que solo quiere contribuir a hacer que todas las personas podamos vivir un poco mejor.

domingo, 8 de abril de 2012

Tebeos.


“Muñecas Jesmar”: Queriendo aprender a leer, ojeaba una revista de humor que se llamaba TioVivo, allí me encontré con esas dos palabras del encabezamiento; y por primera vez, comprendí por mi cuenta, sin la ayuda de nadie al lado silabeándome el texto, aquel mensaje juguetero.

Aprender a leer y entender lo que lees, es como lanzarse en picado en pleno vuelo sin paracaídas. Es una adictiva sensación de vértigo, producida por esas palabras que forman historias, y que funcionan como engranajes que se van acoplando, haciendo visibles otros mundos desconocidos.

El corazón desenfrenado por aquella magia, hizo que lo anunciara inmediatamente a la familia: Ahora -dijo mi padre- ya sabemos leer los cuatro. Y si quieres, hoy también puede ser el día en que aprendas a jugar al ajedrez …

Pero eso ya es otra historia.

No hay nada como empezar a unir letras con los tebeos. Pushkin, Cortazar, Shelley, Marquez o Kurtz, ya llegaran. Porque entender a Homero es más sencillo si has devorado la mitología según Stan Lee. Ser experto en física, química o medicina, es rápido si atiendes a Reed Richards, Bruce Banner o Tony Stark. Si es el espacio exterior lo que te pone, aprende de Clark Kent, Silver Surfer o Galactus.

Ahora, si tu intención es ser político, nada como Mortadelo y Filemón, Y si quieres luchar contra el poder, no debes de olvidar el modus operandi de Asterix y Obelix. Que deseas viajar; imita a Corto Maltés.

Leed y no paréis.







jueves, 5 de abril de 2012

Sabina Salicrú: Futuro, presente, mi yo




A veces me siento fuera de mí misma.
Como en aquellas películas en que en el momento de la muerte el espíritu sale del cuerpo y observa desde arriba cómo los sanitarios intentan reanimar un cuerpo predestinado a quedarse frío en poco tiempo.
Toda mi vida, toda, mi alma ha creído que podría vivir mil vidas, que mi vida real no era la única y que ya haría más adelante, en otra realidad, todo aquello que no podía hacer en ese momento...
Toda mi vida, toda, mi alma ha sospechado que mi edad tiene edades paralelas, que después de esta realidad, mil vidas me están esperando para hacer aquello que hoy no tengo tiempo de disfrutar o experimentar...

Y hace unos años, pocos, mi alma ha descubierto que no.
Aproximadamente a la mitad de mi esperanza de vida, mi espíritu se ha dado cuenta que no, que aquellas cosas que no puedo hacer hoy ya no las podré vivir en otro hoy. Quizá podré hacerlas mañana, pero solo en mi realidad actual. Y si no las hago mañana, ya no las podré vivir nunca.
Mi cabeza se asienta, sube por encima de mi alma y le ordena que vea las cosas con la realidad del pensamiento cerebral (no menos irreal que el anímico, ya lo sé) y mi espíritu se doblega y somete, no sin cierta resistencia...
Pero también disfruto de esa realidad descubierta. Ahora ya sé que hay que vivir cada momento, no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy y sobretodo, sobretodo, hacer que los demás gocen con mi compañía...
Será la manera de asegurarme ver felices a mis seres más queridos y no tan queridos! Será la manera de conseguir mi propia felicidad...

Nota de la autora: Todo parecido con la realidad puede ser pura coincidencia.

Sabina Salicrú

jueves, 22 de marzo de 2012

¿Te preocupa el futuro?

A todos nos preocupa el futuro ¿cómo iba a ser de otra manera? Sin embargo, a ese viejo ratón que roe nuestros momentos más íntimos le crecen los dientes cuando llegan los hijos. Todo cambia, se ensancha y profundiza, y esa sensación de impotencia con la siempre nos enfrentamos a lo que nos viene se transforma en angustia. Y es que los hijos son nuestro talón de Aquiles, esa zona de la garganta que siempre tenemos al descubierto.




Los que vienen no serán tiempos fáciles; esa inocencia parece definitivamente perdida. Muy atrás quedaron los tiempos en los cuales un mínimo de educación y cierto apoyo familiar o de amigos bastaban para que a los nuestros no les faltara un trabajo decente. Ahora las ofertas son escasas, la competencia feroz, y las necesidades -¡ay, todo lo que creemos necesitar hoy en día para ser felices!- interminables. Vemos como una casta de vividores ha parasitado todos los niveles de la sociedad, mientras que otros sólo parecen encontrar soluciones en las protestas, sin ofrecer alternativas reales o atacar de forma cívica la fuente de los problemas.

Y volvemos a mirar a nuestros hijos, a temer por sus ilusiones, la pérdida siempre traumática de su inocencia, su futuro en una sociedad cada día más embrutecida. Y pensamos si fueron buena idea, o con qué ojos miraremos a nuestros nietos.