martes, 22 de octubre de 2013

Choque

Con lo fácil que parece evitar el choque, uno no tiene más que ceder un poco, echarse ligeramente a un lado. Es lo más fácil, y lo más adecuado. Uno nunca sabe qué pasará si el choque llega a producirse. ¿Seré más fuerte yo, o me aplastará el contrario? ¿Para qué arriesgarse? Total, tampoco pierdo tanto si soy yo el que cede. Bien es verdad que si cedo yo el que sale ganando, aunque sólo sea poco, es el otro. Y es verdad también que no se lo merece. No ha hecho nada para merecérselo. De hecho lo único que le importa es quedar por encima. Ver cómo los demás se van apartando de su camino. Porque él lo vale. Pues esta vez no, no me voy a apartar. Estaría bueno, yo no soy menos que él. Chocaremos.



2 comentarios:

  1. Qué razón tienes. Conduciendo por Italia, conforme más al sur más a menudo, te das cuenta de que lo diferente que son los conductores allí. Van como locos, pero nunca desprecian al vecino conductor. Pueden adelantar en prohibido pero siempre cuando te puedes apartar para que se crecen tres coches en la carretera. Hay una sana camaradería que en España se ha perdido, al igual que la buena educación, la gentileza y la amabilidad, y no solo en la carretera.

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  2. Efectivamente, la conducción en Italia es de locos. En cuanto hay un poco de tráfico no puedes dejar distancia de seguridad con el coche de delante porque enseguida te adelanta alguien y se mete en el hueco. Pero es verdad que, aunque no siguen las reglas escritas, las del manual de circulación, sí que siguen una serie de reglas no escritas (y las respetan).

    El caso contrario es Suecia. Allí respetan las señales de circulación hasta el extremo. En una autopista es frecuente encontrar algún coche por el carril izquierdo que va al límite permitido de velocidad sin mirar por el retrovisor. ¿Para qué mirar por el retrovisor si nadie puede ir más rápido de lo que van ellos?

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