miércoles, 29 de mayo de 2013

La guerra diminuta

Adelante. Marchen. Cuerpo a tierra. Hace falta una incursión aérea. Hay que romper la línea del frente enemigo. Bombardeo a discreción. Una ofensiva coordinada, con varias operaciones subordinadas. Más unidades en la contraofensiva. Iniciemos el asalto con una descarga masiva de artillería.

Hay que cuidar las líneas de aprovisionamiento. Necesitamos un puerto de aguas profundas en las cercanías, limpio de minas enemigas y totalmente operativo. Buscamos la plena destrucción del sistema ferroviario enemigo. Hay que mantener las líneas individuales de avance. Necesitamos bases áreas de campaña para el repostaje.

Hay que neutralizar el frente septentrional. Allí no puede ayudar la artillería ligera ni la infantería. Para que tenga éxito, el ataque debe ser una sorpresa completa. Hay que preparse para un duro asedio. Hay que pasar a la ofensiva. 

Es una guerra minúscula, diminuta. Microscópica. Pero una guerra. Con campo de batalla, heridos, bajas. Habrá contraataque, que se encontrará una inesperada y fiera resistencia. Pero al final habrá una victoria.
 

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