jueves, 28 de marzo de 2013

Libertad



Libertad. Qué tendrá la libertad que uno de los peores castigos que el hombre pueda sufrir es perderla. Cuando las sociedades modernas han abandonado otro castigos supuestamente más crueles, como la pena de muerte, el ojo por ojo y el diente por diente, o el de los antiguos griegos del destierro, siguen empleando la privación de libertad.

Libertad, la capacidad del ser humano de poder obrar según su propia voluntad, a lo largo de su vida. Curiosamente no sabemos valorarla e su justa medida hasta que la perdemos, un día de locura, un arrebato de ira, una necesidad perentoria. Pero también por un frío y calculado deseo. Un organizado plan. Un aprovechado propósito. A veces es un descuido, un traspié, un desliz. Otras veces es deseo ciego, impulso inevitable, reacción intrínseca. 

Libertad, a veces me pregunto si de verdad la tenemos. Si no somos capaces de ejercerla en su plenitud, si no estamos encadenados o encerrados en la cotidianidad de las pequeñas cosas. O también estamos encadenados por otras leyes o jueces que no entendemos, leyes que llevamos dentro, cadenas, dulces cadenas.


Cadena, si yo a ti me entregué
¡ten piedad de mí! 

que yo tengo una cadena que sale del corazón
y acaba metía en la tierra.

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