domingo, 20 de enero de 2013

La conquista del palacio


Una semana antes no sabía a donde iba y un día antes ni siquiera me importaba. Una hora antes una puñetera señal se alió con el gps para acabar con el misterio: destino Trujillo. No recordaba haber oído hablar de semejante nombre, pero me contaron que había sido cuna de ilustres personajes como Pizarro -conste la asociación como anécdota ya que sigo sin compartir ese orgullo de ser de algún sitio-.
Al poco de llegar el GPS se humilló para compensar su desliz previo, a costa de entregarnos a unas callejuelas empinadas que ascendimos maleta en mano. Tras días de espera, horas de viaje, siete exclamaciones de satisfacción y un saludo rápido a Pizarro y su caballo, entramos en nuestro Palacio de Chaves.






     Acompañados de susurros recorrimos las estancias repletas de libros y retratos que parecían espiar desde la penumbra mientras meditaban sobre nuestra presencia. La habitación nos abrió sus puertas de época y allí nos refugiamos de sus miradas inquisidoras. Tonalidades verdosas, ocres y amarillas guardaban sofás y butacas de exquisito regusto añejo, espejos de profundidad etérea, alfombras sin fin, un techo inalcanzable apoyado en estrechas ventanas y en la semipenumbra, a mitad de camino de una cama fastuosa, un biombo suavemente iluminado de efecto hipnótico. Las paredes rezumaban una elegancia orgullosa que no entiende de siglos; ahora resignadas a la violación de tiempos modernos.



El atardecer nos empujó a la calle y nos dispusimos a someter a Pizarro y conquistar su hermoso Trujillo. Callejeando entramos en la pintoresca y acogedora Plaza Mayor. La luz del atardecer arrancaba bonitos volúmenes y contrastes obligándonos a recorrer sus pedacitos de historia repletos de rincones románticos. Nos dejamos guiar por ella para explorar perezosamente los alrededores. Incluso tuvimos la oportunidad de recoger la puesta de sol sobre el "skyline" de Trujillo; sin rascacielos pero igualmente evocador.
A una señal del alumbrado público nos dirigimos a las terrazas de la Plaza Mayor haciendo una parada para comprar Pimentón de la Vera que parece ser, nos habían encargado unos amigos. Cosas de la vida! se ve que ellos si que conocían mi destino.



Un amable camarero nos recomendó un vino local de nombre irresistible: Habla el Silencio. Le hicimos honores paladeando en contemplación la vida de la plaza al anochecer. Y allí en silencio, fue cuando comenzaron a resonar sugerentes palabras que anticipaban una noche de sorpresa y fantasía en nuestro palacio. No conseguí descubrir el guión exacto; los dioses no son muy dados a revelar las vicisitudes que nos reservan para el futuro. Pero la intuición, hija de la experiencia, enseguida se encargó de dibujar infinitos escenarios y representaciones, cada cual más cargado de alquimia y erotismo. La cama, los espejos, los sofás, las alfombras, los cuadros, todo nuestro palacio giraba vertiginosamente mientras que de aquel hipnótico biombo surgía vaporosamente una fantasía que latía al ritmo del deseo. Sólo tuvimos tiempo de tomar otro vino y cuando le pedí al camarero que nos sirviese otras copas del Silencio de los Corderos comprendimos que nuestros sentidos ya no estaban en aquella plaza; habían huido por otros caminos de lujuria y perversión.





Un paseo apresurado e impaciente nos llevó de vuelta a palacio. Tuve la sensación de que los otrora retratos inquisidores nos hacían guiños pícaros y emitían risitas cómplices a nuestro paso. Ellos, testigos privilegiados del tiempo, se vestían ahora con toga y cruzaban apuestas sin recato ni disimulo.
Permitidme sin embargo que no mancille la integridad de imaginación y fantasía y las mantenga vivas y ardientes tras la puerta. Buenas noches!

A la mañana siguiente descubrí fascinado a las diosas del palacio mirándose de tú a tú mientras, dentro de sus marcos, el resto de criaturas inclinaba la cabeza con rendida pleitesía y veneración.
Sólo queda esperar la próxima parada de nuestro particular Viaje a Ítaca. Hasta la vista!



4 comentarios:

  1. Sobran las palabras. Por sobrar también diría que sobra el resto de las imágenes. La última foto es "la historia".
    Hacía tiempo que no veía una foto que se mostrase en sí misma como todo un libro abierto.

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  2. Coincido totalmente con dime ho: la última foto no sólo es muy hermosa y espectacular, sino que engloba muchísimos de los matices de la entrada. Incluyendo el erotismo.

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  3. Me gusta como has descrito el lance amoroso... y desde luego las fotos acompañan mucho. Me has dejado tocado...

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  4. Hey ho! yes un crack! sobran las fotos y las palabras! :D :D :D

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