viernes, 30 de noviembre de 2012

Fin de noviembre

Ya he dejado escrito por aquí la adversión que tengo a todo lo relacionado con la muerte. Posiblemente por mi educación, mis experiencias o por vete a saber qué, soy de lo más celtibérico al respecto, como diría Luis Carandell.

Recuerdo de mi infancia el luto riguroso, sobre todo en las mujeres, que no cambiaban el color de su vestimenta en años si las defunciones de familiares se espaciaban acompasadamente con el periodo de negro. Incluso una amiga de la adolescencia vestió luto por su padre, para no disgustar a su madre, según decía. Esto era antes de que las modas góticas, emo o punk se popularizaran, así que cuando paseábamos juntos por mi pueblo, le decían bromeando que parecía que estuviera de luto. Y respondía que sí, que así era, que su padre había muerto hacía semanas o meses, con la consiguiente consternación del bromista, del que solíamos contar al menos media docena de disculpas.

He vivido, como muchos, las muertes de mis mayores, pues tuve la suerte de conocer a todos mis abuelos y a muchos tíos abuelos. Peor llevadas han sido las muertes de familiares jóvenes, por los que sin embargo no recuerdo haber reparado en lutos, casi todas por accidentes. Las enfermedades mortales también han dejado su triste marca. Mi familia conserva en el cementerio un pequeño mausoleo, donde se acumulan apretadamente los restos de varias generaciones. Recientemente renovado, ha ganado un valioso espacio y se ha hecho hueco para numerosas urnas cinerarias, con lo que ahora está más holgado para los futuros enterramientos. No sé si eso me crea alivio o más desazón todavía.

Así que noviembre es para mí el mes de los muertos. El uno de noviembre mi madre se encarga de adecentar el mausuleo, limpiar las hojas muertas del otoño, retirar las flores secas, hacer pequeñas reparaciones. Y de incurrir en el inevitable recuerdo melancólico. Noviembre no deja de ser para mí un mes triste por ello. Puede ayudar también la proximidad del invierno, la melancolía otoñal, o estar a la vuelta de la edad tardía.

¿Cuál es el motivo de la muerte? Dejando aparte la religión o la metafísica, la muerte es una necesidad biológica. Desde el punto de vista estrictamente científico, la muerte es el paso que permite el nacimiento de una nueva generación, de una vida renovada, de nuevas combinaciones para la adaptación a las condiciones cambiantes. 

Así que me permito la alegría de recordar noviembre por el nacimiento de los que, si el orden natural se mantiene, verán mi muerte con mayor o menor tristeza. Va por ellos, que lo necesitan en estos tiempos que corren. Fin de noviembre.



5 comentarios:

  1. Precioso pitufín que seguro que os da grandes alegrías. Me identifico mucho con el texto, tanto con los recuerdos de juventud como porque yo también me pongo melancólico en estas fechas, imagino que por la llegada del frío.

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  2. Quisiera aclarar, por las dudas, que no soy el progenitor del infante, que luego se lía todo!!!

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    1. Yo tenía claro que no era tuyo porque imaginaba que en ese caso nos hubiéramos enterado los amigos; no obstante, Reme me decía que debía haberlo preguntado, pero yo opino como Isidre :-D

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  3. Oí que la vida es ayudar a morir a los padres y ayudar a nacer a los hijos. Y ya está. Algo de eso hay. No hacía falta que aclararas lo del infante: demasiado hermoso... :-b

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  4. ¡Ostras! Eso de que la vida es ayudar a morir a los padres y ayudar a nacer a los hijos es una reflexión con cargas de profundidad. ¡Mola!

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