jueves, 26 de julio de 2012

Me gusta la playa

Cuando llega el verano, una de mis actividades preferidas es ir a la playa. No es nada original. Podría hacerme el moderno y decir que en la playa es donde el cuerpo toma más contacto directo con la naturaleza. Uno va casi desnudo, sin zapatos, en un ambiente no dañino, sin pinchos ni bichos, y puede entrar en contacto de cuerpo entero con el agua, el viento y el sol. Podría decir que es una actividad democrática, que en pelotas se ve que somos iguales, que no cuesta dinero, y que es en gran parte saludable. Pero eso, aunque lo piense, no es la razón cierta de que me guste la playa.

En realidad me gusta ir a la playa porque es lo que he venido haciendo en verano desde que tengo memoria. Mis padres, trabajadores de cuello blanco que vivían en el interior de Andalucía, no hubieran podido permitirse llevarnos a la playa a no ser por el piso que mis abuelos tenían en la costa, a pie de arena. Generosamente nos dejaban pasar allí casi todas las semanas del verano. Así que mi padre nos llevaba a finales de junio, el quedaba de rodríguez y volvía a pasar con nosotros los fines de semana que podía.
Mis mejores recuerdos de la infancia son en bañador, que solo nos quitábamos para ponernos otro seco, tumbado en una extraña colchoneta amarilla y azul llamada "natapez", o flotando en una barca de remos "Kontiki"... La vida la hacíamos siempre en el exterior, solo entrábamos en casa para comer y dormir. Los pantalones largos daban una extraña sensación la rara vez que nos los teníamos que poner.
En mi niñez estuve aquejado por una alergia respiratoria que me impedía realizar grandes esfuerzos. Pero el aire de la playa me beneficiaba enormemente, así que pasábamos el mayor tiempo posible en la costa, pues allí podía correr, jugar al fútbol y a las palas, hacer las cosas normales de un niño sin la molestia del asma. A pesar de dormir en una habitación interior, el sonido de las olas nos arrullaba por la noche, y el viento del sur nos despertaba sobresaltados cuando venía sin avisar.
La sensación de libertad que teníamos en aquella época no se puede entender en la actualidad. Al volver año tras año al mismo lugar, hicimos las férreas amistades de la infancia. Aprendimos a jugar a las cartas, a gamberrear, a beber y a fumar... también a hacer fotos. Nos creció la barba y llegó el primer amor, los problemas de la adolescencia, un embarazo no deseado... todas esas memorias me llegan cuando ahora paseo por la playa. Así que no puede dejar de gustarme, porque la playa forma una parte importante en mi vida. Y ha querido el destino que viva a escasos dos kilómetros de la arena.

7 comentarios:

  1. Una entrada estupenda, en la que me siento reflejado. :)

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  2. A mí la playa se me terminó abruptamente a los trece, sin embarazos no deseados pero con un primer amor al que ni llegué a besar, unos amigos a los que cada vez nos costaba más mantener el contacto y con los que no pude aprender a beber ni a fumar. Una putada. Te agradezco que nos recuerdes esos veranos eternos. Grande...

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  3. Me ha gustado la entrada y las fotos. Aunque es cierto que tengo la orilla muy cerca no puedo decir que mis veranos fueran tan playeros como esos que nos cuentas. Quizá es un buen momento para descubrir la felicidad de jugar en verano, fortalecer las amistades, algun amor de playa, el primer sorbo de una caña fría... pero sin humo ni embarazos por favor!! Nunca es tarde para aprender a disfrutar de las cosas más cercanas de la vida, ¿verdad?

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  4. La playa juvenil de los 70 y de los 80 está llena del humo de tabaco rubio y de ducados. Y algo de maria. Y de sexo sin preservativo, porque el sida no dolía todavía.
    Cubatas y gintonics o bulumbas.
    No se conocían los mojitos.
    Embarazos interrumpidos en Inglaterra. Comunismo y anarquía. Good Save the Queen y lo que vino detrás.
    Para algunos, esos tiempos de playa se terminaron de repente. Otros, sobrevivieron.
    Sigue la historia.

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  5. Qué envidia! Yo tengo muy pocas de esas fotos y la nostalgia también es necesaria.

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  6. Todavia me acuerdo de tu madre con el calendario y tus vacunas, acompañandote al practicante.

    Un beso primo. Jesús

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  7. Jesús, tu madre también me llevó no pocas veces... abrazos.

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