lunes, 7 de mayo de 2012

El sol del mediodía


El sol, dicen, es el mejor animal de compañía del fotógrafo, pero como buen amante no lo es para todas las horas del día sino para las últimas y primeras, cuando comienza su decadencia o cuando aún se despereza.

Al mediodía su dura luz molesta y nuestros diafragmas oculares se cierran y apenas dejan entrever nuestros multicolores iris. Tal es la molestia que Ray Ban nos obsequió con lentes ahumados para que el ceño de nuestra frente no quedase marcado para siempre.
También estos perpendiculares rayos solares perjudican la piel de los animales con enfermedades tumorales, por lo que ésta,  viene cubierta de fábrica por vellosidades que mitiguen su maleficio. 
El sentido de la belleza del ser humano actual hizo que la depilación eliminase nuestro filtro solar natural por lo que nuestros queridos benefactores farmacéuticos pusieron en nuestras manos otros protectores solares que reemplazasen la función capilar.

Las religiones monoteístas, excepto la cristiana, siempre sabias, protegieron a sus mujeres con leyes protectoras para que sus pieles no padeciesen del duro castigo de la acción solar en horas solo adecuadas para la fotosíntesis o la siesta. Las occidentales, cristianas en su mayoría, prefieren padecer del fuego terrenal del mediodía en lugar de esperar por el bronceado en serie del no tan lejano averno.


José Manuel Rodríguez

3 comentarios:

  1. Te ha quedado muy biológica.

    No son las religiones las que imponen la vestimenta, sino las costumbres ancestrales. Aún así, he visto una familia numerosa de mormones disidentes, cristianos de nuevo cuño, bañarse en el Green River a 130ºF totalmente vestidos.

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  2. El problema viene cuando las sabias costumbres se convierten en símbolos fanáticos. Cuestiones de la interpretación.

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  3. Me ha gustado esa ironía.
    Me encanta esa foto, sobretodo por la pose del crío.
    Muy bien elegida para la entrada.

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