jueves, 5 de abril de 2012

Domingo de Ramos


La luna siempre fue motivo de atracción para el ser humano.
Desde tiempos antiquísimos en los territorios que rodeaban el mar Mediterráneo la aparición de la luna llena de finales de marzo o comienzos de abril era el símbolo que daba “paso” del duro invierno a la luz esperanzadora de la primavera.
Nuestros antepasados esperaban esta señal luminosa para dar rienda suelta al jolgorio y a la fiesta desenfrenada. Hace veintiún siglos los judíos comenzaban la celebración de este “paso” (Pascua, en hebreo) cuando contemplaron con asombro como a la entrada de la puerta dorada de Jerusalén un grupo de alborotadores gritaban “Hosanna”, al paso de un burro montado por un hombre que lucía una brillante capa roja, a la vez que arrojaba a su paso mantos, ramos y hojas de palmera de los escasos árboles cercanos.
El burro jamás había sido montado por hombre alguno y había sido cogido en préstamo en una cercana aldea a Jerusalén ante la perplejidad de unos dueños que no supieron reaccionar y denegar tal sorprendente petición.
Hoy, dos mil años más tarde, los pueblos mediterráneos que creen que aquel hombre, de capa roja que traspasaba la puerta dorada de Jerusalén montado en un burro, era el hijo de Dios, aún celebran dicho acontecimiento saludando a "su paso" con ramos de laurel y hojas de palma mientras estrenan su ropa nueva del Domingo de Ramos.


José Manuel Rodríguez

3 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho cómo has explicado el origen de esta celebración en la que, probablemente, no solo haya creyentes dándole al ramo o a la palma...
    Las expresiones de los niños son para retratarlos ;)

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  2. Te han salido unas imágenes muy apostólicas... me gustan.

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  3. Lo de la ropa nueva siempre ha sido muy llamativo, pero ya he renunciado a juzgar las motivaciones religiosas. Es un terreno en el que siempre corro el riesgo de ser injusto.

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