jueves, 8 de marzo de 2012

Rodolfo Canet: Cama y desayuno

La comodidad es un valor relativo para el viajero; a éste sólo le importa que sea suficiente. Al fin y al cabo, lo que se busca no es conocer en el sentido turista del término sino vivir y sentir la realidad de los lugares por los que se pasa. Un lujo constante por doquier no sólo falsea este mundo ajeno en el cual se pretende introducir sin alterarlo, sino que al mismo tiempo aplana y homogeneiza todas esas sutiles diferencias que se quiere paladear, del mismo modo que muchas salsas igualan tantos platos hoy en día.
Por todo esto, siempre que las características del lugar lo permitan, el viajero no debe rehuir el placer de pasar sus noches en esos establecimientos habitualmente llamados bed & breakfast, no tan comunes en nuestras tierras como en las del norte. A menudo, muchos de ellos no son más que los domicilios particulares de sus dueños, de modo que la inmersión es completa: se entra en sus calles y se acaba en sus casas.




El viajero que estas líneas escribe no es comodón, pero si tímido y tendente a la melancolía, lo que en ocasiones ha introducido una componente emocional inesperada a algunas de sus pequeñas estancias. Recuerda, a punto ya de marcharse al no acudir -aparentemente- nadie a su llamada, a la viejecita en taca-taca que le alojó en Bath y el impacto que tanto ella como su marido, no impedido pero tan pausado como ella, le causaron. Y las conversaciones corales en la sala de desayunos de la pequeña casa del Lake District en la que pernoctó un par de días allá en 1997. Pero con especial simpatía recuerda la casa de Angela, británica dama exiliada en Prades, pequeña ciudad del Pirineo francés por la que pasó con dos compañeros, sus curiosos detalles decorativos ilustrados en la foto, y el espectacular desayuno que les preparó, cual hacendosa madre en batín, tras levantarse a propósito para ellos. Por unos momentos, Angie creó hogar para tres ciclistas a 700 km del suyo.

5 comentarios:

  1. Buena estancia, viajero. Me recuerda a mi última estancia en un B&B en Gante. El anfitrión, de la edad de Bart, era músico profesional y nuestra habitación tenía un tocadiscos de los años 80 del siglo pasado, acompañado de múltiples Long Plays de la misma época. Pero si esto era buena no era menos bueno las charlas matutinas que mantuvimos con él y la otra huésped canadiense.

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  2. Nunca he estado en un bed&breakfast y la verdad es que me resulta muy atractivo. Hay alguna web que recopile información sobre estos alojamientos? Me refiero a algo que tenga en cuenta el encanto y que no esté excesivamente relativizado por tácticas e intereses publicitarios.

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  3. Pues lo cierto es que no lo sé... lo mejor será probablemente hacer una búsqueda en Internet buscando opiniones de usuarios y esas cosas. A mí, en los viajes, me gusta dejarme llevar un poquito por la suerte...

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  4. Esos acomodos pequeños siempre me ponen un poco nervioso antes de llegar. Es posible que mi personalidad, formada en una ciudad grande, sienta un cierto reparo a perder el anonimato y a la relación íntima con desconocidos. Pero suelo sentirme bien en ellos. Finalmente, ahí obtengo lo que no me da la cotidianidad.

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  5. Pues aplicando esa lógica, yo vivo en una villa de unos 2000 habitantes y me siento muy cómodo con el contacto cercano. Va a ser verdad tu teoría ;-)

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