jueves, 29 de marzo de 2012

The last passenger

Aunque ya ha transcurrido demasiado tiempo desde que se apeó por última vez, en la Estación Sirkeci Gari, del ya desaparecido Orient Spress; aún recuerda, como si fuera ayer, el perfume que expelía la cristiana Dora y que hoy le transporta a aquellos inolvidables días.


Todos los jueves, tras la primera oración matutina, se reclina con un pitillo entre los dedos, sobre aquella ventana desde la que vio alejarse paso a paso a su inalcanzable primer amor europeo.

En otro tren, más ajado, pero de la misma época del Orient Espress, su hijo menor se apoya sobre la inexistente puerta del vagón de segunda, y mientras deja entrar el aire del Bósforo, en sus pensamientos no deja de viajar el perenne repetido pensamiento de cómo habría sido su vida si su padre en lugar de conformarse con ver alejarse a su amada Dora, hubiera roto las duras cadenas de su religión, y se hubiera ido de la estación del brazo de su ya imposible Dora madre.




5 comentarios:

  1. Me gusta mucho como combinas las historias con las fotos. Además, cada foto a su manera es muy buena. Una por la expresividad y la segunda es una historia en sí misma.

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  2. Son dos fotografías excelentes, pero la segunda es formidable. La historia es creíble y tierna. Toca muchos palos y por ello es buena

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  3. Las dos fotos me gustan muchísimo; ha sido un gran placer recordarlas.

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  4. La historia está muy bien enlazada con las dos fotos, me gusta porque me transporta a otro lugar y en la segunda foto aunque los personajes van en el mismo vagón cada uno está en su mundo particular.

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  5. Me encanta historia y fotos, pero la segunda es de escándalo. Un placer.

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