jueves, 1 de diciembre de 2011

Renuncia al esplendor artístico

Este díptico lo tengo bien expuesto en el salón de mi casa; una copia de 45x140. Un amigo me dijo que le parecía demasiado inquietante para una estancia tan social. Vamos, que no incitaba al buen rollo y al relax. Pues vaya! Yo le tengo mucho aprecio!
Si me tuviese que situar fotográficamente tendría que refugiarme en el "cuentacuentos" que defendía mi amigo José Manuel en una vieja conversación. Pero como a todos, a veces el cuerpo te pide algo más.
La idea surgió a raíz de la lectura de un ensayo de Oscar Wilde, La decadencia de la mentira. Resumido en una sola frase, argumenta que "contar cosas bellas y falsas es el objetivo propio del arte". En mi fantasía me limité a intercambiar los papeles y convertí el arte mentiroso en la mentira artística.


No quiero renunciar a la mentira; sería muy atrevido e ingenuo. Pero si que reniego de su versión más artística y superflua. Esa con la que buscas agradar, deleitar y proporcionar placer a todos tus vecinos. Esa que nadie te puede reprochar y que te permite interpretar todos los días un papel para un público entregado que aplaude lo bueno, caritativo y digno de estima y misericordia que eres. Esa que luego tienes que pagar aplaudiendo a tu público.
Como el arte en el ensayo, ella "puede hacer milagros a voluntad, y los monstruos salen del abismo a su llamada. Puede ordenar al almendro que florezca en invierno y hacer que nieve sobre el campo de trigo en sazón. A su voz, la helada coloca su dedo de plata sobre la boca ardorosa de junio, y los leones alados de montañas Lidias salen de sus cavernas. Cuando pasa, las dríades la espían en la espesura y los faunos bronceados le sonríen extrañamente. La adoran dioses con cabezas de halcón, y los centauros galopan junto a ella"

Yo me quedo con la tosquedad y rudeza de los personajes que rechaza, esos que "reproducen su vulgaridad hasta en los menores detalles; tienen el tipo, las maneras, el traje y el acento de la gente real; pasarían inadvertidos en un vagón de tercera clase"...aunque sea porque subieron sin pagar el billete.
Como diría Mr. Wilde, "dos toques de naturaleza destruyen cualquier obra de arte".

7 comentarios:

  1. Decía Picasso que el arte es una mentira que nos hace ver la verdad. Yo todavía no he encontrado ninguna verdad en esta vida, pero desde luego el arte es la búsqueda más satisfactoria, el fingimiento más auténtico. Y no estoy de acuerdo: esa foto en tu sala resulta sugerente y creo que te define profundamente; es un placer extraño (como lo son los mejores placeres) comer ante ella.

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  2. Muy bueno. Pero tengo que renegar también de la interpretación :-D Entiendo que puede haber una similitud con mi accesibilidad inaccesible, pero el sentido se refiere a otro tema. Aunque también es muy atrayente que la foto por si misma pueda tener diversos matices interpretativos :-)

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  3. El significado de una obra pertenece al receptor, te guste o no como creador (estética de la recepción):D

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  4. Uy...pero si estoy totalmente de acuerdo contigo. Yo me refería a que me da la impresión de que te basas exclusivamente en la foto y en este caso la foto y el texto son una unidad. La foto por si sola claro que puede generar interpretaciones distintas y en tu caso también estás influenciada porque me conoces :-p

    Nos vemos mañana, por cierto, el sábado quedamos para tomar un vino, te apuntas? :-)

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  5. Me apunto al vino ...aunque sea mentira !

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  6. Hmmmm! Bueno, tienes razón. Pero lo que de verdad me ha cautivado es eso de "mi accesibilidad inaccesible"; por un momento, te has quitado la careta, señor Aparicio. ¡Claro que me apunto al vino!

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