sábado, 29 de octubre de 2011

Esencias viajeras pasajeras

Es difícil no sufrir un poco con nuestras ficciones. Nos sumergimos en la literatura, en el cine, en internet... y enseguida podemos disfrutar de una idea romántica, bohemia, aventurera y llena de matices, cada cual más atractivo. Ryanair nos sirve de puente y aparecemos disfrazados de época dentro de nuestro escenario. En pocos días podemos rellenar una lista de éxitos y fracasos. Menos mal que el balance de 90 pequeños fracasos y 10 celebrados éxitos arroja habitualmente un resultado sobresaliente.

La imagen del éxito:



La imagen del fracaso:


En la primera imagen nos situamos en una de las muchas escalinatas que ascienden por Montmartre. Llegué flotando entre cabarets y retazos bohemios; entre Picasso y sus amigos antes y Amélie y los suyos ahora. Algo empezó a fallar cuando en la Place du Tertre sólo veía lienzos con grandes narices, orejas infinitas y bocas retorcidas. Empezó a ser inquietante. Pero de repente, apareció un grupo de amigos con su música dispuestos a salvar a Renoir, Toulouse-Lautrec y compañía. No había plato ni gorra con monedas. En pocos minutos todo se convirtió en una explosión de emociones y fantasía. Era de noche, la temperatura fantástica y no quedó ni un solo peldaño libre en esa calle de escaleras. Sonaba delicioso, animado, vibrante, con alma. De una chistera salieron risas, bailes, abrazos y besos. Esa media hora de esencia incorrupta ya ni pudo ser empañada por los alrededores del Moulin RougueBravo Montmartre!!! 


La segunda imagen debería de ser la prueba definitiva para condenar a perpetuidad a Anita Ekberg y a Marcello Mastroianni. Me asomé con la idea de un baño sugerente en un entorno romántico. Dispuesto a disfrutar de Neptuno acabé con un gelato en la mano mirando asombrado a la muchedumbre y rechazando a cada minuto ofertas inmejorables por un Coliseo o por una arriesgada exposición a una polaroid. Además ahí seguían ellos, mirándote y burlándose de ti desde postales a un euro. Condenados. Así día y noche, a todas horas, y de madrugada sin gelato. No tiré las monedas. Ni me hacía falta, ni me pareció pertinente, ni me apetecía. Un dios protegido por la polizia. Ciao Fontana di Trevi!!!


Amélie derrotó a La Dolce Vita.


 De todas formas, mil gracias a todos los presentes...por la foto y simplemente por estar allí; de otra forma yo tampoco hubiese estado.
(Curiosa entrada en el blog de Paco Nadal en El País.com: Turistas haciendo el "turista")

2 comentarios:

  1. Cuando estuve hace un par de años con mi padre, en un viaje crepuscular que le regalamos dos de sus hijos al cumplir los 80, Roma me pareció prometer un número infinito de pequeños rincones maravillosos olvidados por todos, de esos que sólo te puedes encontrar por azar. La Fontana, eso sí, no era más que un infierno que bajitos como yo difícilmente pueden ver en su conjunto y del cual jamás se podrá captar ya su esencia. Y eso que era noviembre...

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  2. Y creo que sigue siendo así. De hecho hice algo de trampa a propósito. La foto de Montmartre es un rinconcito "olvidado" y en principio no sería justo compararlo con un fenómeno de masas. Pero precisamente la intención era también realzar la importancia de esos pequeños rincones donde todavía se pueden encontrar "esencias".

    Saludetes :-)

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